jueves, 24 de diciembre de 2009

El origen pagano de la Navidad.

En estas señalizadas fechas quiero hablaros, hijos Míos, del origen de la Navidad. Resulta, posiblemente, de la festividad religiosa más arraigada, simpática y con con mayor aceptación popular, siendo mucho menos sádica y macabra de lo que acostumbran a ser otras celebraciones de Mi religión. Lo cierto, sin embargo, es que se trata de una festividad con un origen muy anterior a la llegada de Mi chaval Jesucristo al planeta tierra.



Tengo que reconocer que Mi Santa Iglesia se limitó a versionar una festivida pagana del Imperio romano. Ésta festividad, llamada de "Saturnales" transcurría entre las fechas del 19 al 25 de Diciembre en honor del dios de la agricultura Saturno. Dicha festividad, a su vez, es una versión de la conmemoración del alumbramiento de Tamuz (el equivalente romano de Saturno) el dios sol reencarnado en Babilonia, el 25 de Diciembre. En estas fiestas se exhaltaba el valor de la amistad y se hacía intercambio de regalos. También surgió la costumbre de adornar las puertas de cada casa, con coronas de flores y hojas verdes, así como la práctica de adornar un árbol con frutas y decorativos alusivos al dios sol. Al mismo tiempo, se celebraba en el Norte de Europa una fiesta de invierno similar, conocida como Yule, en la que se quemaban grandes troncos adornados con ramas y cintas en honor de los dioses para conseguir que el Sol brillara con más fuerza. No cabe duda de que una fecha tan especial como el solsticio de invierno siempre ha sido muy celebrado en las más diversas culturas y se ha visto asociada con motivos religiosos.
Puede parecer algo sospechoso el que Mi religión aproveche los mismos recursos que las aberrantes creencias paganas pero lo cierto es que así es como surge un sincretismo, en el que se introduce en Mi religión el paganismo babilónico y romano y se produce una mezcolanza capaz de lograr una mayor cuota de mercado. De esta forma la antigua Semiramis (Venus,Osiris, etc.) pasó a llamarse “virgen María” y a la encarnación del dios sol Tamuz (Baal, Moloc, etc.) , se le llamó “Jesús”.
Si se analiza a la luz de la odiosa razón este sincretismo y sus connotaciones de maleabilidad de los dogmas religiosos con el fin de adaptarse e incrementar la aceptación popular, puede ser muy poco consecuente con el mensaje de verdad única y absoluta que tiene su origen en Mi verdad revelada, pero, puesto que la inequívoca e incuestionable Biblia no menciona de manera explícita la fecha del naciemiento de Mi chaval, Mi Santa Apostólica Hipócrita y Romana Iglesia, haciendo uso de un pragmatismo ejemplar, supo aprovecharse hacia el año 325 d.c. de las festividades y cultos preexistentes. De lo que nunca hay que olvidarse de que cualquier recurso es válido si sirve para lograr el más noble fin, que no es otro que la propagación de la fe en Mí y de su mensaje de amor y esperanza. Para ello Mi Santa Institución necesita lograr las más altas cotas de poder. A la luz del tremendo éxito obtenido en su virtuosa misión después de los siglos, es indudable que fue todo un acierto el aprovecharse de las creencias paganas.
Contemplar el origen pagano de la navidad objetivamente podría permitir ver a Mi religión como una más de las creadas por la imaginación humana en función de sus inquietudes. Pero no hay que olvidarse nunca, querida feligresia, de que la Mía sí que es la única verdadera.

lunes, 7 de diciembre de 2009

El derecho de poder seguir imponiendo los crucifijos.

Hoy quiero hablar, querida feligresía, de la necesidad de que el crucifijo continúe siendo un símbolo impuesto en los lugares públicos y centros escolares de los países de tradición cristiana, en contra de las pretensiones de aquellos desalmados que consideran el laicismo como la única forma posible de garantizar una auténtica libertad religiosa. Aunque la posición más práctica que pueden adoptar Mis seguidores es dejar el agua correr, salir por la tangente, fomentar la indolencia mental de las masas y dejar simplemente que se mantenga la situación de privilegio que disfruta Mi religión, diciendo que no es algo que preocupe a la sociedad y que hay cosas más importantes, lo cierto es que eso no quita legitimidad a las reclamaciones laicistas y que puede ser inevitable tener que entrar en una defensa argumentada de las posiciones de la Iglesia de Dios.
En ese caso, animo a Mis devotos feligreses a que sigan utilizando los dos argumentos básicos a los que suele recurrirse en éste asunto que, no por faltos de lógica, han de ser desechados por aquellos mis aborregados feligreses:

- Es una cuestión cultural que se basa en la tradición. Se trata un argumento que se regocija fundamentalmente en la consolidación de una situación de privilegio lograda generaciones atrás, cuando los conceptos de "laicismo" o "libertad religiosa" resultaban inconcebibles. Es cierto que para lograr un avance en las libertades es necesario superar aquellas tradiciones que lo imposibilitan por estar ancladas a un pasado en el que éstas no existían pero, para la gente de bien y de orden, el crucifijo, en tanto y cuanto que símbolo del cristianismo, representa la idea de una indispensable aportación por parte de éste, de los valores morales que caracterizan la cultura occidental. Para hacer semejante afirmación conviene olvidarse de que los pueblos adoradores de falsas religiones también tienen valores morales semejantes, que no son sino reglas básicas de vida en sociedad.

Por desgracia, esta romántica idea que ha ser utilizada para publicitar Mi fe no es compartida por todos y cada vez se ve más cuestionada por culpa del desarrollo de las sociedades y de su culturización. Lo cierto es que dista mucho de ser el símbolo de unión y consenso que nos gustaría. Para los infieles, adoradores del maligno, el crucifijo no tiene connotaciones tan benignas y es el símbolo de una larga tradición de oposición al progreso y de imposición, a cualquier precio, de unos dogmas cada vez más obsoletos, recurriendo, en muchas ocasiones, a métodos sangrientos e inhumanos hasta tiempos muy recientes en países como España.

También representa una implacable búsqueda del poder y la connivencia con los totalitarismos por parte de Mi Santa Iglesia y su obstinación por impedir avances sociales y del conocimiento, pudiendo así mantener intacta su situación de privilegio y continuar con su labor de salvaguarda de la fe. Siglos después de haber derrotado a las perniciosas creencias paganas son estos razonamientos críticos son los nuevos enemigos de Mi fe.
En cualquier caso, y aunque el carácter tradicional pueda tener connotaciones muy diferentes a las que se buscan para defender su continuidad, es conveniente fomentar un razonamiento tan evidentemente circular y autojustificante, ya que el derecho a imponer ese símbolo a las nuevas generaciones en base a la tradición, sirve para consolidar más esa situación y hacerla más "tradicional".
Lo que ningún perverso ateo librepensador podrá negar nunca es que el hecho de imponer el crucifijo durante generaciones es toda una tradición.

- Es una cuestión de mayorías. Se fundamenta en tratar el asunto de una forma “democrática”, es decir, en que la decisión de retirar los crucifijos sea tomada por votación cuando alguien manifieste la disconformidad con su presencia. Es una estrategia que puede resultar a primera vista muy tolerante y razonable, por lo que debe seguir siendo utilizada por Mi feligresía con asiduidad. Lo malo es que, como ocurre siempre que se le pretende dar una base de racionalidad a las posturas religiosas, se queda en un mero baño externo que se elimina muy fácilmente con el más mínimo rascado lógico. Alguien capaz de razonar libremente diría que el respeto a las minorías ha de ser consustancial a una verdadera democracia y que la aconfesionalidad de un estado, decidida democráticamente, implica el que a nadie pueden imponérsele unas determinadas creencias religiosas por muy mayoritarias que puedan ser. Para ello, tanto dichas creencias como sus símbolos, deben circunscribirse al ámbito de lo privado. Mis devotos feligreses pueden aducir que si se permite a un musulmán acudir a la escuela con un símbolo de su religión también debería permitirse colocar el crucifijo en clase. Con estos sesudos galimatías mentales, Mis bienintencionados creyentes mezclan lo privado con lo público, demostrando que nunca llegarán a entender un concepto tan simple como el de libertad religiosa y haciendo gala de esa limitación mental que les proporciona su fe en Mí y que tanto Me complace y halaga. Es evidente que el argumento de la mayoría se utiliza con la muy noble y piadosa certeza de que ésta está garantizada gracias al adoctrinamiento masivo llevado a cabo por parte del estado en Mi fe en pasadas generaciones.

Lo que ciertamente se persigue es poder seguir gozando de ese privilegio para poder perpetuar esa mayoría. Una prueba evidente sería ver qué dicen los defensores de las mayorías si en una determinada aula sucediese algo que cada día es menos improbable en España, como que fuesen mayoría los alumnos musulmanes. Si, en base a esa mayoría, se votase sustituir el crucifijo por una media luna, seguramente su posición “democrática” desaparecería de un plumazo y se sustituiría por un alegato a favor del nacional-catolicismo y el uso de argumentos abiertamente xenófobos. También es probable que se buscase una mayoría a nivel nacional y acabar así de una puñetera vez con eso del “estado aconfesional”. Por suerte, sólo los menos comprenderían que en un estado de derecho a nadie deben imponérsele unos símbolos religiosos, llegando a entender, por fin, el concepto de laicismo.


Después de ver que las posturas más utilizadas pueden ser rebatidas por los malintencionados ateos y, gracias a que Me he dignado a abandonar Mi tradicional indolencia para crear este blog, os mostraré una serie de irrefutables argumentos a favor de tan noble causa:

- El crucifijo es el símbolo de la única religión verdadera, fundamentada en las revelaciones de un Dios arbitrario, arrogante e irascible pero muy bueno, y en la subjetiva interpretación de su libro sagrado. Hay que garantizar que las nuevas generaciones sigan siendo adoctrinadas y sometidas a ella como prueba de amor que garantice su salvación, así como la prosperidad los privilegios y el sostenimiento económico con fondos públicos de Mi Santa e Hipócrita Iglesia.

-El crucifijo debe ser impuesto como símbolo de las certezas que proporciona la fe en Mí y que siempre deben anteponerse a los conocimientos basados en la razón.

- También simboliza la grandeza de la cristiandad y, muy especialmente, la de una patria gloriosa elegida por Mí.


- Demuestra a los practicantes de otras falsas religiones la superioridad del cristianismo.

- Sirve para que los no creyentes tengan siempre muy presente la misericordia con la que serán acogidos por Mí si se arrepienten y se integran en Mi rebaño, así como la cruel y vengativa condenación que padecerán si no lo hacen.

- Representa el impagable papel de tutela de las libertades que Mi Iglesia siempre ha ejercido.

- El crucifijo es una macabra representación de una persona ejecutada mediante un método sumamente cruel, sangriento y despiadado, por proporcionar al reo una muerte particularmente lenta y dolorosa.

El individuo que aparece torturado hasta la muerte en él, con una corona de espinas clavada en su frente, no es otro que Mi chaval Jesucristo. Como anécdota recordaré que la inmensa mayoría de dichas representaciones son erróneas porque la crucifixión se realizaba clavando al individuo por las muñecas y no por las manos. Pero éstos siniestros detalles no deben desviarnos del tema tratado que es la conveniencia de que tan bonita figurita esté colocada a la vista de los niños a diario desde su más tierna infancia, en el lugar donde deben ir a formarse como personas. Los efectos que puede producir su contemplación cotidiana en el desarrollo de la mente infantil no pueden sino ser completamente beneficiosos, porque les prepara para la aceptación del sufrimiento, el miedo a Mi ira y la resignación ante Mi sádica condición, cosas todas ellas muy virtuosas y necesarias en Mi fe.

- Los crucifijos son necesarios porque adornan un montón.

Ahora sí que queda completamente clara la necesidad de mantener los crucifijos en todos los centros, por muy pública que sea su financiación, en la medida que representan la Iglesia del único dios verdadero que no es otro que Yo, que tengo un blog.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

El maravilloso poder de la fe.

La siguiente noticia podría ser considerada como un alentador ejemplo del poder de la fe:

http://www.elpais.com/articulo/internacional/matar/bebes/legitimo/elpepuint/20091119elpepuint_5/Tes

Hace un mes varios soldados israelíes celebraron su graduación y estamparon su mensaje en una pancarta: "El batallón Shimshom no evacuará Homesh". Ese batallón pertenece a la brigada Kfir del Ejército israelí, desplegada en el territorio palestino de Cisjordania. Y Homesh es una colonia al noroeste de Nablus, desmantelada en agosto de 2005 y a la que han regresado varios fanáticos con intención de reconstruirla. El lunes, otros seis militares imitaron a sus colegas en armas en otro acto en una base al sur de Hebrón. "La Brigada Nahshon tampoco evacúa". Son jóvenes que estudian en Hesder Yeshivas, las 62 escuelas que combinan estudios militares con el aprendizaje de la Torá. En alguna de ellas, alzadas en los asentamientos, se imparten lecciones escabrosas.El Gobierno israelí insiste en que toda incitación contra Israel debe ser atajada de raíz si los palestinos desean algún día vivir en un Estado independiente. La Autoridad Palestina se puso manos a la obra hace pocos años y ha recibido el aplauso del Gobierno de Estados Unidos por sus esfuerzos en los colegios. Hoy día, funcionarios del Ejecutivo palestino reciben con 24 horas de antelación los sermones que los imanes pronunciarán los viernes, y los templos se cierran una vez acabada la oración.Ya no se permite que los islamistas, perseguidos con denuedo, utilicen las mezquitas a su antojo para instigar el desprecio al judío. "Los espías abundan en cada rezo. La gente no se atreve a comentar nada con desconocidos", asegura Issa, un treintañero de un pueblo lindante con Jerusalén. En Gaza, estrangulada desde hace tres años y regida por Hamás, la historia es diferente: los niños maman el odio. En las mencionadas yeshivas se difunde también, y con dinero público, un odio atávico, aunque, naturalmente, la diana es el árabe.¿Y qué enseñan en la yeshiva de Yitzhar los rabinos Yitzhak Shapira y Yosef Elitzur? Que en determinados supuestos, y la laxitud produce vértigo, se puede matar a niños gentiles. Para estos rabinos, paladines del sionismo religioso, el árabe, el cristiano -todo gentil- es un ser inferior, a menudo peligroso, y siempre alguien digno de desconfianza.¿En que circunstancias se puede matar a bebés? "Porque su presencia puede promover los asesinatos. Existe una razón para dañar a los niños si está claro que crecerán para hacernos daño... Está permitido dañar a los hijos de un líder para presionarle con el fin de que no actúe malvadamente... Hemos visto en la Halaja [ley religiosa judía] que incluso existe causa para matar a los bebes de gentiles que no violan las siete leyes otorgadas por Dios a Noé por la futura amenaza que causarán si son criados por gente malvada como sus padres", han escrito Shapira y Elitzur en su libro La Torá del Rey: leyes sobre la vida y la muerte entre los judíos y las naciones". Se ha vendido con éxito en Mercaz Harav, una yeshiva de Jerusalén que es el buque insignia del sionismo religioso.El lunes, el diario Haaretz informaba de que la yeshiva dirigida por Shapira recibió fondos del Estado por valor de 150.000 shekels (27.000 euros) desde 2007. El Ministerio de Educación, según la ONG israelí Yesh Din, aportó otro millón de shekels (180.000 euros) entre 2006 y el año siguiente. El Ejecutivo hebreo ni siquiera se plantea sanciones pecuniarias.Shapira y Elitzur animan a sus alumnos a hacer caso omiso de las leyes civiles de su propio país. "No se necesita una decisión del Estado para permitir el derramamiento de sangre de quienes pertenecen al imperio malvado. Incluso los individuos atacados por la soberanía del mal pueden tomar represalias", escriben. La distinción entre soldados y civiles en tiempo de guerra es asunto poco relevante. "El principal esfuerzo de la guerra debe destinarse a quienes intentan matar, pero cualquiera que es miembro de la nación enemiga es considerado un enemigo".Son un buen puñado los rabinos que llevan décadas esparciendo semejante ideología. Durante la guerra de Gaza, el invierno pasado, se distribuyeron panfletos entre la tropa en los que se instaba a no mostrar piedad con el enemigo. El rabino jefe del Ejército, Avichai Rontzki, insistió la semana pasada en la inclemencia que debe adornar a los militares en el campo de batalla. Al Gobierno de Benjamín Netanyahu no le preocupan demasiado estas proclamas de los barbudos rabinos. Sí el desacato de los uniformados que advierten su disposición a incumplir órdenes de sus mandos. "Rechazar una orden", aseguró el martes, "significa la quiebra del Estado. No debe ocurrir, y haremos todo lo posible para poner fin a la desobediencia". Ya ha habido casos en que la policía, y no el Ejército, se ha hecho cargo de la evacuación de cientos de colonos.Eliezer Melamed, rabino de la colonia de Bracha, una de las más combativas en el acoso a los pueblos árabes vecinos, en las inmediaciones de Nablus, no parece dispuesto a ceder. Acaba de publicar Revivim, un libro en el que explica: "Una sencilla ley de la Halaja precisa que está prohibido para cualquier persona, soldado u oficial, participar en el estrictamente prohibido acto de expulsión de judíos de sus casas y en la entrega de cualquier porción de la Tierra de Israel al enemigo. Quien viola este precepto, viola varios mandamientos de la Torá".A juicio de Melamed, "la mayoría de los oficiales superiores están contaminados por la política". De una ventaja disfrutan los militares que rechazan cumplir una orden por motivos ideológicos. Por cada día que permanecen en una prisión militar -suelen ser condenados a 30 días de cárcel- reciben de una ONG israelí 1.000 shekels (unos 190 euros). Algunos jefes militares han salido a la palestra para asegurar que los alumnos de las Hesder Yeshivas son excelentes soldados, y la asociación que agrupa a las 62 escuelas talmúdicas también afirma que las amenazas de incumplir las supuestas órdenes de evacuación de colonos -muchos de ellos sirven en filas precisamente en Cisjordania- son excepcionales. No lo son tanto. Y muy poco se hace para parar los pies a esos rabinos desaforados.A este caldo de cultivo de la xenofobia acuden gustosos personajes como el ciudadano israelí de origen estadounidense Yaakov Teitel. Procesado por el asesinato de dos palestinos en los años noventa y por tropelías de toda índole contra policías israelíes, profesores universitarios u homosexuales, declaraba ufano en el juicio que acaba de abrirse en su contra: "Sin duda, Dios está satisfecho conmigo".

Esta noticia acerca del conflicto judeo-palestino demuestra claramente los maravillosos logros que el constreñimiento mental proporcionado por la fe es capaz de conseguir, en su virtuosa función de desprecio de la razón. También es una grandiosa demostración de lo necesaria que es una justificación divina para la moralidad y de que una sociedad nunca debe olvidar a su Dios. Es cierto que puede dar mala imagen de Mi cruel versión Dios 1.0., que es en la que creen los judíos, el autoproclamado "pueblo elegido", pero la verdad es que Yo siempre he sido bastante sádico e iracundo.

Se pone en evidencia a aquellos que, pretendiendo salvaguardar las creencias religiosas, argumentan que este conflicto se debe "a una lucha por el territorio no por la religión". Ésta gente, que pretendiendo proteger a la religiosidad, no hace sino ningunearla postergándola a un segundo plano con argumentos superficiales, hace así un flaco favor al hecho religioso, confundiendo causas con consecuencias. Las diferencias religiosas son la causa del conflicto y la ocupación del territorio su consecuencia.

En virtud una tradicional actitud general de condescendencia con las religiones, éstas manifestaciones religiosas deben siempre ser achacadas al fundamentalismo, que es simplemente el resultado de actuar conforme a los principios de dichas religiones, que, por supuesto, nunca deben ser cuestionadas en sí mismas. Tampoco hay que criticar nunca su papel de generadoras de certezas indemostrables, que son las que originan estos conflictos. Lo que debe quedar claro que los fundamentalismos no tienen cabida en Mi religión, puesto que es la única verdadera, y debe ser tomada completamente en serio y aceptarse en su integridad.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Mi ira justiciera.

Siendo Yo un tipo infinitamente bondadoso, también soy famoso por resultar un tanto vengativo e iracundo. En el siguiente enlace se puede encontrar una devota página que detalla algunas citas bíblicas que hacen referencia a tan bonito asunto:

Tengo que reconocer que a veces tengo muy mal carácter, aunque por lo menos he mejorado algo desde Mi muy malumorada versión de Dios 1.0.. Pese a haber dotado al ser humano de libre albedrío, Mi sádica condición hace que siempre Me muestre dispuesto a castigarle de forma cruel y dolorosa por los actos consecuencia de la libertad que Yo mismo le he otorgado. Acostumbro a hacerlo contra a quienes que adoran a dioses de la competencia, cosa que queda sobradamente documentada en el Antiguo Testamento. Lo mismo ocurre en Mi eterna lucha contra el malvado Satanás, que acostumbra a provocarme recurrentes venganzas justicieras. También contra aquellos que desoyen los preceptos de Mi Iglesia y dejan progresivamente de tomarse en serio su fe. Pero lo que resulta realmente grave es el caso de aquellos que abandonan completamente el rebaño y se creen con legitimidad para pensar por su cuenta, libres del necesario constreñimiento mental que proporciona la necesidad de creer. Porque todavía hay esperanza para aquellos en los que dicha capacidad se encuentra desorientada y quien es capaz de creer en otros dioses puede potencialmente ser ganado para el rebaño de Mi fe. Aquel que coquetea con el maligno es porque cree en Él, y eso implica que también en Mí, puesto que su existencia es inseparable de la Mía. Es por eso que la existencia del ateísmo es lo que más Me irrita, en la medida que implica que hay gente a la que no puede acceder Mi fe por carecer de unos requerimientos mínimos de credulidad.
La manifestación última de Mi ira es la condenación a la que destino a todo aquel que no cumpla con Mis normas, arbitrariamente impuestas.


En Mi infinita bondad, debo muchas veces de administrar dolorosos castigos a Mis criaturas, para fomentar el temor hacia Mí, que les permite llevar una vida completamente libre y plena de amor y esperanza. Porque tanto los más desastrosos y multitudinarios cataclismos y pandemias, como las desgracias que acontecen a cada individuo en de forma íntima y personal, son recurrentemente justificados en base a ella. Para ello basta usar criterios completamente subjetivos e insostenibles.
El miedo a Mi ira es lo que permite que el pensamiento humano esté lo suficientemente atenazado como para incapacitar a muchos creyentes para pensar objetivamente, editándoles caer en devaneos racionalistas. La prueba de éste atenazamiento es que es recurrentemente usado por ellos como argumento contra aquellos que usan la razón para desmontar los dogmas religiosos. Es muy admirable el esperar a que ocurra alguna desgracia en la vida del infiel, que poder atribuir a la venganza de un dios amoroso e iracundo. Pero si se les quita ésta argumentación, por muy débil que pueda resultar, muchos de Mis feligreses no sabrían que decir para defender y justificar la fe. Porque lo único que subyace a todo ésto es algo tan consustancial al ser humano como es el esfuerzo por eludir la mala suerte, que tan frecuentemente toma la forma de castigo divino.
El miedo al castigo divino es muy útil para aquellos que ejercen un poder totalitario que frecuentemente busca su justificación en Mí. Dicho miedo también se manifiesta con más fuerza y recurrencia cuanto menos recursos y cultura tenga una persona, haciendo así que los desdichados creyentes vean más motivos para temerme, viéndose incrementada su fe.
Puede que parezca que Mi Ira simplemente es producto de la necesidad de tener un dios cutre dotado de cualidades completamente humanas. También puede que sea cierto que el ser humano acostumbre a buscar la justificación para todo tipo de desastres, catástrofes y enfermedades en Mi Ira justiciera, en base a criterios completamente subjetivos. Resultaría muy inconveniente reconocer que se trata de un fenómeno supersticioso que se debe a que la innata tendencia de creer en lo sobrenatural se acentúa espectacularmente ante la sensación de falta de control que asola al ser humano ante las desgracias de la vida. Habría que tildar de devastador para las religiones el admitir que se origina y se retroalimenta con la miseria. Pero aquel que sea capaz de superar su miedo hacia Mí y ose usar tales argumentaciones en contra de Mi religión puede estar seguro de que recibirá el correspondiente castigo fruto de Mi Ira. Y si no lo es, no es debido a que Yo no exista, sino a que soy incomparablemente indolente.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Humor irreverente.

En los siguientes vídeos de miembros de una muy piadosa y devota organización ultracatólica, de esas que tanta falta hacen hoy en día, Mi devota feligresía podrá ver a qué horrendas vejaciones se ve sometida Mi Iglesia en España, como consecuencia de un estado que se ha caído en el horror laicista y, no sólo se ha olvidado de su dios, que soy Yo, sino que además ha perdido su miedo hacia Mí y hacia Mi Santa e hipócrita Iglesia.





El siguiente vídeo es de cosecha propia y es una prueba más de cómo se critica con humor irreverente e inadmisible a Mi religión, en ese programa maldito:

video

Cuando un pueblo deja de tomarse en serio su fe verdadera, ocurren cosas tan horrendas como las que se ven en el vídeo, perdiéndosele el respeto a lo sagrado, que se torna en objeto de burla como si no fuese algo ante lo que postrarse incondicionalmente evitando a toda costa hacerlo objeto de discusión o análisis. Se consigue llegar a superar la visión sesgada de la fenomenología religiosa que con tanto esfuerzo se ha ido consiguiendo gracias al necesario adoctrinamiento infantil, generación tras generación. Se ridiculiza el mensaje de Mi Iglesia haciendo bromas con su endémica pederastia, se exponen las evidentes contradicciones de su mensaje y, lo peor de todo, se meten con lo más sagrado de todo que es la impresionante campaña de marketing (que no conoce crisis) desplegada para su financiación. Todo con un humor sarcástico e irreverente. Porque la solo una sociedad degenerada homosexual, abortista y atea, al servicio del maligno, puede permitir que se pueda hacer humor con lo sagrado. Menos mal que ahora he creado este blog para que se tome en serio la fe.
Hay que conseguir volver a un sistema político completamente subyugado a Dios, en el que no sean posible estas falsas libertades que tan de moda están y tanto denigran la condición humana. La única libertad verdadera es la vivir servilmente según los dogmas de Mi Iglesia, llevando una vida plenamente gozosa de adoración y temor hacia Mí y los Míos.
Queda claro que Me sobran motivos para abandonar momentáneamente Mi incomparable indolencia y descargar Mi ira justiciera sobre los responsables. ¡Ay si no fuese porque ese Wyoming es un cachondo!...

miércoles, 28 de octubre de 2009

La sagrada connivencia con los totalitarismos.

Quiero revelaros hoy, devota feligresía, la existencia de una página en la que hay una completa recopilación fotográfica de las magníficas relaciones que siempre han mantenido las jerarquías religiosas con el poder más totalitario, detallado por países. Por supuesto que la mayoría corresponde a miembros de Mi Santa Iglesia, como no podía ser de otra forma teniendo en cuenta su larga historia de próspera connivencia con el poder y de tutela de las libertades.


Es sabido que la religión defiende valores de origen divino que no pueden ser cuestionados, en los que no tienen ninguna influencia las opiniones humanas, por muy mayoritarias que puedan ser. Se trata de un sistema absolutista en el que únicamente la opinión divina puede ser considerada como válida. Esa es la consecuencia de asumir que un sistema moral debe tener necesariamente su origen en una deidad. No es conveniente que exista una población librepensadora, capaz de superar el aborregamiento que pretende toda religión y del que tan orgullosos están sus fieles. Eso siempre supone un serio peligro para la vigencia y perdurabilidad de los sagrados dogmas religiosos. Hay que intentar fomentar la existencia de un poder ajeno a las veleidades de la libertad y la razón, capaz de imponer con firmeza a la población sus sólidos y firmes principios. Ese es el sistema que rige en Mi Iglesia y es el que ésta ha de promover. Solo el caos puede ser la consecuencia del relativismo laicista en que se mueven los pueblos que olvidan a su dios.
El poder sometedor siempre ha sabido valorar la gran capacidad de aborregamiento que tiene la religión que tan interesada está en las enormes ventajas que puede obtener de esta relación. Además de ésto es muy importante para ambos la simbiosis que se produce en la asociación de los conceptos Dios y patria, cuya labor cimenta y fortalece aquel nacionalismo más reaccionario que todo dictador necesita.
La mejor prueba del beneficioso efecto que produce el totalitarismo en la religión es la muy añorada Edad Media, con su proverbial y ejemplar oscurantismo.
Un aspecto fundamental que deben cumplir éstos sistemas políticos es que fomenten la consolidación de los privilegios que favorecen el mantenimiento de las desigualdades sociales que tanto bien hacen a la religiosidad. Cuando no se cumple éste requerimiento, el régimen en cuestión pasa a ser considerado por Mi Iglesia de una forma diferente por no resultar adecuado para la consecución de sus intereses. Entonces sí se critica el totalitarismo, la represión y los crímenes de estado, que tan convenientemente se obvian en el caso contrario.
Además, si alguien puede conseguir tales cotas de poder no es sino porque Yo así lo he querido en Mi infinita misericordia y porque es un elegido Mío. Eso es algo que siempre han acostumbrado a creer tanto los gobernantes absolutistas como sus pueblos sometidos, favoreciendo enormemente este tipo de situaciones. El retroceso de la ignorancia y de la incultura cada vez dificulta más la aceptación de tales argumentos, por lo que se hace muy necesario promoverlas a cualquier precio. Así se justifican los métodos más crueles e inhumanos.
En su ejemplar labor de obtención de poder y de propagación de la fe, Mi Santa Iglesia debe a toda costa buscar los ansiados privilegios que los gobernantes más absolutistas y dictatoriales pueden proporcionarle. Poco importa la cruel, despótico o genocida que sea el gobernante en cuestión, mientras colabore en la difusión de Mi maravilloso mensaje de amor, esperanza y salvación. Aunque pueda haber algunos clérigos poco conformes con ésta relación, lo cierto es que no deben ser tenidos en cuenta por su poca importancia dentro de una estructura tan sumamente jerarquizada como Mi Iglesia, cuya cúpula siempre ha sabido lo importante que resulta la connivencia con el poder más despótico en la sagrada defensa de la fe.

miércoles, 14 de octubre de 2009

La innata capacidad de creer en lo sobrenatural.

El ser humano posee una irrefrenable sed y ansia de conocimiento. La irresistible tentación de usar atajos fáciles en ésta búsqueda desenboca frecuentemente en respuestas demasiado simplistas e injustificadas, en las que prima la rapidez en la obtención de certezas, sobre la razón. Para ello, se fuerzan pintorescas asociaciones entre todo tipo de fenómenos, completamente inconexos. Así es como, en el afán de economizar en el penoso esfuerzo mental que supone, se busca evitar cualquier tipo de relación con la razón, alegando la existencia de una realidad no accesible a ésta.

Mediante la renuncia a la racionalidad surgen todo tipo de creencias mágicas, místicas y supersticiosas, en fuerzas extrañas y en los más variopintos seres sobrenaturales. Dicha tendencia es más acusada en la infancia, momento en el que lo mismo a un niño se le puede hacer creer en duendes, que en dioses, que en el ratoncito Pérez. Resulta completamente recomendable, entonces, aprovechar para que la mente infantil sea encauzada hacia las creencias religiosas en las que se desea generar la necesaria impronta. Ni que decir tiene que esto es completamente execrable salvo que se haga al servicio de Mi religión, que esta sí que es la verdadera.
Una consecuencia de esto es que al ser humano le resulta muy difícil asimilar los fenómenos aleatorios y la contingencia que rigen gran parte de su vida, ya que le hacen experimentar una horrible sensación de vacío e impotencia. Se crea ilusiones para tener mayor sensación de control sobre su futuro. Se crea el concepto de destino, se busca la solución en rituales mágicos, ocultismo, espiritismo, amuletos, horóscopos, videntes y oraciones. Se repiten patrones cotidianos por pura superstición. Aquellos que tienen desarrollada la capacidad de creer no suelen conformarse con una sóla creencia sobrenatural y lo mismo que profesan una religión, creen en fenómenos supuestamente incompatibles con ella. No resulta extraño ver a mi chaval Jesucristo mezclado con rituales de magia, espiritismo e, incluso, con extraterrestres.
Cuanto más desdichada y penosa sea la vida de una persona, más necesitada se ve de éstos comportamientos que le hacen, al menos, tener esa falsa sensación de control. La desesperación origina respuestas desesperadas. Es así como en las sociedades más empobrecidas prospera la fe del hambriento. La pena es que allí, debido a lo anteriormente expuesto, la fe verdadera en Mí, suele encontrarse aún más amalgamada con rituales mágicos, santería, cultos paganos y con todo tipo de creencias sobrenaturales.
La capacidad innata de creer en lo sobrenatural es la causa de que exista la visceral necesidad de Mi existencia. Esto resulta indispensable para que prospere la fe que requiere Mi religión, pero reconocer su existencia supone igualarla no ya, únicamente, con el resto de las religiones existentes, sino, lo que es aún más bochornoso, con el resto de creencias supersticiosas, esotéricas y sobrenaturales. Además, como es natural, hay una constante competencia con ellas y una gran propensión a la hibridación. Resulta comprensible que Yo no quiera que se Me relacione con los fantasmas, con los marcianitos verdes y cabezones, con el chupacabras o con el monstruo del lago Ness. Por eso, recomiento a Mi Santa Iglesia y a su devota feligresía que se obstine en seguir negando tanto el origen común de todas estas creencias, como la existencia de cualquier tipo de relación entre ellas.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Tomarse en serio la fe. Vivir en concordancia con ella.

En la actualidad, en el mundo occidental lo normal es que la mayor parte de la población no se tome completamente en serio su fe y la postergue, muy a menudo, a un segundo plano, limitándose a profesar cierta simpatía por la religión dominante en su área geográfica, fruto de la sensacional impronta que deja el adoctrinamiento en la infancia.
Se hace uso básico de los valores de la fe, utilizando únicamente las partes indispensables para satisfacer la visceral necesidad humana de transcendencia, entre las que juegan un destacado lugar las muestras más cutres de esta, así como el cumplimiento con aquellos rituales religiosos, como bodas bautizos, comuniones y tumultuosas procesiones, con los que también poder exhibir el, tan habitual, gusto popular por la ostentación.
Es muy alentador el hecho de que dicha población sea, en la mayor parte de los casos e incluyendo a aquellos que menos en serio se toman los principios religiosos, incapaz de contemplar su religión con completa objetividad como simplemente una más de las existentes, exceptuando el caso de los muy minoritarios, pero también muy denostables ateos, en su obstinada defensa del racionalismo. Pese a eso, y como expuse en Mi entrada anterior, el mero hecho de plantearse que a los principios religiosos se les pueden otorgar diversos grados de verosimilitud, implica el que las religiones son una mera invención al servicio de las necesidades humanas. La tendencia de las sociedades modernas a no tomarse completamente en serio la fe, supone el que los valores y certezas absolutos que justifican su existencia son completamente relativos y, por lo tanto, falsos.
Para evitar éste problema, la única religión verdadera debe vivirse en su integridad, llevando una vida en concordancia con los principios de ésta:
- La fe verdadera en una dichosa vida eterna debe ser incompatible con el miedo a la muerte, puesto que si no resulta la mejor demostración de que es un subproducto de éste.
- Los creyentes deben guiarse por la ley divina y no por la humana, siendo el ideal de sistema político aquel que se fundamenta en los dogmas religiosos. El laicismo es el mayor horror en el que puede caer una sociedad con una creencia dominante en Mí. Si es una sociedad con otro credo, no pasa nada.
- Hay que obstinarse en decir que sólo una origen divino puede servir para fundamentar un moral humana.
- La fe, en cuanto que generadora de certezas sin necesidad de demostración, siempre debe anteponerse a la razón.

Exhorto, por tanto, a Mi devota feligresía a que se olvide de los modernos relativismos que, fruto de la creciente cultura, llevan a una vida en la que cada vez su fe se ve más postergada a un segundo plano. Sólo existe una verdad, mi existencia es la única certeza y la prueba es éste blog.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Tomarse en serio la fe. Los fundamentalismos.

La religión sólo es útil si sirve para generar certezas y para ello necesita que se fundamente en principios y dogmas de carácter absoluto. Eso, querida feligresía, es algo vital para todas las religiones aunque, claro está, la única verdadera sea la Mía.

Frente a Mi verdad absoluta e inamovible, sólo puede haber una forma correcta de actuar, y es el pleno acatamento de los principios de Mi Iglesia. Aquel sujeto religioso que piense que puede tener fe en Mí, creyendo sólo en una parte de dichos principios, por él seleccionados en base a un criterio propio, manifiesta un grave desconocimiento del funcionamiento de Mi fe. No cabe, por tanto, tomarse la fe más o menos en serio al gusto del consumidor. Quien piense que puede considerarse creyente sin tomarse la fe completamente en serio está asumiendo el relativismo de lo presuntamente absoluto y la falsedad de la religión. Esto a su vez supone reconocer tácitamente que se considera la fe como una mera creación a la medida de las necesidades humanas. Es de alabar, por tanto, aquella gente que obra desoyendo el más elemental sentido común y se deja guiar ciegamente por su fe, como ocurrió en el caso de la noticia que Me proporcionó el gentil feligrés Telecansino, acerca de un devoto practicante de una rama desviada de Mi religión: http://www.publico.es/internacional/242388/padre/quedo/rezando/vez/llevar/hija/hospital/culpable/homicidio.

Resulta alentador ver cómo el constreñimiento mental que produce la fe puede puede llegar a anular a alguien su raciocinio hasta tales extremos.
Es por eso que Mi fe sólo puede tomarse de una forma, que es totalmente en serio. No ocurre lo mismo en otras religiones que, por no estar basadas en verdades fraudulentas, resultan una completa y aberrante farsa que surge simplemente de una respuesta falcilona a la visceral necesidad humana de transcendencia. En esos casos, el hecho de tomarse completamente en serio la fe, y llevar una vida del todo acorde con los dogmas religiosos se denomina fundamentalismo y resulta algo siempre muy peligroso para la humanidad. Como consecuencia de éste fundamentalismo se coarta el desarrollo de las sociedades humanas y del conocimiento, se dificulta el progreso científico y se originan conflictos, guerras y atentados terroristas en el nombre de falsas deidades. La obligación de aquellos de Mis feligreses, cuya fe sea plena y sincera, ante aquellos con una fe desorientada ha de ser la de enseñar y propagar la fe en Mí, con el inmenso amor que ésta conlleva. Eso incluye a miembros de otras religiones y a no creyentes. Por eso, los sistemas políticos que se olvidan de la verdad divina y se rigen por leyes ajenas a las Mías son tan perniciosos, y el laicismo es algo tan aterrador.
Quiero dejar bien claro que se puede tildar de fundamentalismo únicamente a otras religiones en la medida en la que se basan en unas falsas verdades susceptibles, por tanto, de relativización, pero nunca a Mi religión verdadera, garantía de paz, progreso y libertad, pero siempre a Mi servicio, el verdadero Dios.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Mi olvidadiza Omnisciencia.

Hoy quiero hablaros, querida feligresía internáutica, de Mi omnisciencia. Porque tal cualidad de un servidor, es sobradamente conocida y demandada por el grueso de la población. Yo soy omnisciente por definición y, por muy maravilloso y que esto pueda parecer, lo cierto es que también Me plantea algunos inconvenientes. Porque es fácil entender que si Yo, único y estilizado creador de todo lo existente, conozco cuanto ha ocurrido, ocurre y ha de ocurrir, necesariamente sé muy bien hasta el más mínimo detalle de las vidas de cada una de Mis criaturas. Si esto lo aplicamos a aquellas pertenecientes a la especie humana, tan necesitada siempre de Mí, es evidente que conozco el futuro de todas y cada una de ellas. Aquí aparece el primer inconveniente de Mi Omnisciencia. Si Yo conozco de antemano si Mis feligreses van a venirse al Cielo o van a ser castigados a la más penosa condenación como castigo por sus pecados, su libre albedrío parece simple palabrería. Por el contrario, si Mis criaturas son realmente libres, Yo no podría ser Omnisciente, por no conocer sus decisiones futuras. En esta inconveniente incongruencia religiosa, nunca deberían caer aquellos cuyo pensamiento está lo suficientemente constreñido por la educación religiosa, ni aquellos cuyo corazón alberga una fe verdadera, virtuosa y sincera, a salvo de los peligros de la razón. Pero teniendo en cuenta que siempre puede haber algún desconfiado ateo que use esta incongruencia para justificar su infame condición, tengo que decir que la explicación es fácil, convincente e inapelable; el Misterio Divino. Así se es como queda zanjada esta aparente contradicción.

Otro inconveniente puede considerarse el hecho de que Mi Omnisciencia sirva para remarcar Mi natural sadismo, dado que no me pierdo detalle de los padecimientos sufridos por todas y cada una de Mis criaturas. Por suerte, un pavoroso temor hacia Mí hace que esto no tenga mayores consecuencias.
Es justo reconocer que el hecho de conocerlo todo, no impide que tenga frecuentes olvidos. A todo el mundo se le olvidan cosas y Uno no es una excepción, aún no siendo humano, sino divino. Además es bien conocido que la memoria se pierde con la edad y la Mía es infinita. Esta cualidad Mía también es bien conocida por Mi más devota feligresía, que acostumbra a hacerme insistentes ruegos y peticiones, bien directamente, bien por mediación de los infinitos cristos, santos y vírgenes que abarrotan Mi religión. De no ser por estos ruegos, que tan bien Me vienen, además, para alimentar Mi infinita arrogancia, es bien seguro que se Me olvidarían muchas más peticiones de Mis feligreses y que condenaría muchas más almas de sus seres queridos al fuego eterno del Infierno. Eso incrementaría más, si cabe, la desoladora sensación de ausencia que Me rodea. Puede considerarse una prueba de Mi superioridad divina el hecho de que, de del defecto de tener una omnisciencia tan olvidadiza, haya sabido extraer la virtud de la gran aceptación que esto tiene en Mi feligresía. Agradezco mucho, por ello, su obsesiva tendencia por recordarme continuamente sus inquietudes, mediante sus recurrentes rituales de los que tanto disfrutan y de los que tan bien sabe sacar provecho económico Mi Iglesia.

lunes, 20 de julio de 2009

Mi sádica condición.

Pese a que Mi bondad es algo que resulta absolutamente indiscutible e indispensable para Mi religión, no es difícil para el común de los mortales percibir que, siendo Yo el único creador de todo lo existente, también soy el responsable último de todo el mal y el sufrimiento que padece Mi creación. Éste espinoso asunto ya quedó completamente aclarado en Mi anterior entrada titulada "Mi Infinita bondad".
Una vez que se admite, por medio del Misterio Divino si hace falta, que Yo soy bondad en estado puro también tengo que admitir que la crueldad también forma parte de Mi sublime condición. Reconozco que obtengo un placer inusitado infligiendo dolor a las criaturas de Mi creación. Es esa la verdadera causa de que Me decidiese, de forma completamente arbitraria, a crear el mal y el sufrimiento. Me deleita ver cómo Mis feligreses cargan sobre su conciencia con una constante carga de culpa por quebrantar las prohibiciones por Mí impuestas, como consecuencia de una condición de la que Yo les doté a Mi antojo. Lo mismo Me sucede al condenarlos misericordiosamente al justiciero fuego eterno del Infierno.

También disfruto sobremanera exigiendo a Mis cobayas humanas sumisa resignación cuando de manera caprichosa decido llenar sus vidas de gratuito sufrimiento. Eleva mucho la autoestima ver lo necesaria que resulta Mi salvadora intervención para encauzar la marcha de un Mundo que padece las consecuencias de Mi incomparable indolencia y de Mis acostumbradas ausencias. Porque lo mismo Me reconforta el sufrimiento por Mí ocasionado directamente, como el originado pasivamente por las calamidades fruto de la omisión de Mis responsabilidades y de Mi todopoderosa ayuda. También es muy importante como, de forma indirecta, se alimenta Mi insaciable autoestima al contemplar la destrucción ocasionada por el malvado Satanás, al que Yo mismo creé.


Mi sadismo es también la verdadera causa que explica las guerras, y muy especialmente, las libradas en Mi nombre. La combinación de éste con el concepto de Patria siempre a generado un valeroso y desatado ardor guerrero.

A diferencia de muchos de los aspectos de la religión, será muy fácil para Mis lectores comprender que así se obtiene una indescriptible y majestuosa sensación de dominio sobre toda Mi Creación, cuyo fin es servir de alimento para Mi infinita arrogancia. Porque de nada sirve ser Dios si no puedes disfrutar de los privilegios asociados a tal condición.
Aquellos de Mis devotos seguidores que se sientan contrariados con lo que aquí expongo quiero decirles que eso siempre ha sido siempre así y, en mayor medida, en la vengativa, genocida, obsoleta y muy iracunda versión Dios 1.0. Tampoco están nada mal la sangre que hice derramar a Mi hijo y las torturas a las que se vio sometido, para actualizarme a Dios 2.0.. Tan sólo tenéis que consultar la Biblia, ese libro sagrado en la que se adoctrina a tantas tiernas mentes infantiles para conocer verdaderamente a ese Dios sediento de sangre que soy Yo.


Una de las maneras de las que más Me gusta manifestarme es mediante los estigmas, esas maravillosas manifestaciones de una fe auténticamente hemorrágica. También es de siempre conocido lo mucho que Me gusta el dolor físico como trámite necesario a cumplir por Mis fieles cuando quieren hacerme súplicas o mostrarme su agradecimiento. O Mi fijación con la penitencia, y Mi preferencia por aquellos que autodisciplinan de manera sangrante con aparatos tan ingeniosos como el cilicio, de tan acostumbrado uso en el Opus Dei.

Me encanta que se Me alabe por medio de procesiones con tintes verdaderamente macabros en las que Mis feligreses se recrean en las torturas sufridas por Mi chaval Jesucristo, a la vez que se fomenta el más ejemplar cutrerío religioso y se cultiva el necesario gusto por la ostentación.


El martirio en Mi nombre y en el de la defensa de Mi fe siempre ha sido muy valorado por Mí y por Mi Santa Iglesia, que acostumbra a premiarlo con la santidad.


Tengo que confesar que echo mucho de menos los tiempos de la Santa Inquisición, que tanto bien ha hecho por el género humano, y que tantos momentos inolvidables Me ha deparado.

Puede parecer evidentemente contraproducente para la fe el hecho de que hable tan explícitamente como lo he hecho en ésta entrada de Mi sádica condición, pero lo cierto es que, cuando se trata de temas religiosos, la evidencia siempre acaba postergada ante la profunda necesidad humana de creerse elegido por Mí, un Dios al que temer y respetar pero cuya bondad garantiza la tan ansiada y reconfortante transcendencia. El constreñimiento del pensamiento que ocasiona la fe tiene, así mismo, efectos protectores muy beneficiosos para su preservación frente a los más perniciosos razonamientos. De hecho, el miedo y el sufrimiento tienen la maravillosa y provechosa virtud de generar una profunda fe en el ser humano. Al fin y al cabo, el bien y el mal son algo meramente absoluto que Yo siempre puedo cambiar.
Por supuesto que también hay alegrías en la vida y es que no podría ser de otra forma porque, es proverbial Mi bondad e infinita Mi Misericordia. De hecho es gracias a la fe en Mí como más se disfruta la vida, pese a lo que puedan decir los denostables ateos. Es por eso que os ruego, queridos feligreses, que Me busquéis en vuestros corazones y que os abandonéis aborregados y libres de los perniciosos efectos de la razón, a Mí, vuestro buen pastor, conscientes de que el sufrimiento no es sino una grandiosa virtud destinada a mitigar el insaciable sadismo, que caracteriza a vuestro Dios, único referente válido para la moral humana.

lunes, 13 de julio de 2009

Dios y Patria.

Quiero analizar la tradicional mezcolanza que se ha producido entre los términos Dios y Patria. La recurrente asociación de éstos dos conceptos ha sido muy provechosa para las diferentes religiones a lo largo de la historia. Tan extravagante binomio se compone de:
- Dios. Término que define a la causa primera del Universo, en cuanto que ser de existencia infinita creador de sus leyes y de todo lo existente. Se trata, en teoría, de un concepto claramente universal.
- Patria. Se refiere a una porción determinada de territorio del Planeta Tierra, de extensión insignificante comparada con la inmensidad del Universo, definida en base a estar habitada por un grupo étnico o cultural determinado de entre los muchísimos que hay dentro de la especie homo sapiens, que supone solamente una de las millones de especies vivas existentes. Se trata, por lo tanto, de un concepto indudablemente localista de magnitud completamente despreciable frente a lo universal.
La fuerte asociación de éstos dos términos puede resultar ridícula y completamente inexplicable si se analizan las abismales diferencias de escala de aquello que engloban. El hecho de pretender que Yo, en Mi suprema grandeza, pueda mostrar un favoritismo especial por un determinado grupo humano que habita cierto ámbito geográfico denota una profunda cerrazón mental de aquel capaz de concebir tan pintoresca idea. El que siempre haya existido ésta concepción religiosa pueblerina puede ser fácilmente explicado si se considera a las deidades como simples criaturas mitológicas creadas en base a las necesidades tribales humanas de establecer el respeto por una autoridad superior que sea compartida por todos los miembros del grupo. También resulta fundamental la imperiosa necesidad humana de creerse el centro del Universo. Con el surgimiento de las modernas religiones monoteístas, cada pueblo pasa de crear a versionar la deidad en cuestión, de tal forma que pueda seguir considerándose bien como elegido por ella o bien que, al menos, siga desempeñando su ancestral labor de autoridad tribal. Parece que es tan sólo un profundo y visceral irracionalismo lo que subyace y cimenta la combinación de Dios y Patria. A lo largo de la historia son muchos los que han muerto o han matado defendiendo ésta extraña y recurrente amalgama.


Es así como tan virtuoso binomio, pese a su marcada incoherencia conceptual, resiste estoicamente el paso de los tiempos, sirviendo de acicate para la fe. La verdadera suerte es que la corrosiva razón nunca se haya llegado a mezclar en éstos asuntos, dominados únicamente por el primitivismo costumbrista de las más rancias tradiciones. Ni que decir tiene que Me estoy refiriendo solamente a aquellos países de tradición católica como España, donde tanto bien ha hecho ésta casposa asociación de Dios y Patria. De no ser por la constante intervención de Mi implacable Iglesia en connivencia con la más reaccionaria extrema derecha, éste piadoso país habría seguramente sucumbido mucho antes al libertinaje de la cultura y la razón. Es la tutela de esa sacrosanta Iglesia, que tanto necesita el dinero de los contribuyentes, la que ha logrado mantener durante muchos años al país en los niveles de subdesarrollo e ignorancia que tan provechosos resultan para la fe. Por desgracia, con la llegada de la democracia y de las libertades, se corre el riesgo cierto de que la sociedad se olvide de Mí, y de la grandeza de una Patria siempre al servicio de Dios.


¡Alabados sean aquellos cuya profunda cerrazón y limitación mental les sigue avocando a la idea de una Patria grandiosa y temerosa de Dios!. ¡Bienaventurados aquellos individuos unineuronales que violenta e irracionalmente defienden tan noble causa!. Su manifiesta inferioridad mental debe ser siempre ensalzada y tomada como ejemplo de borreguismo por el resto de Mi rebaño. Porque aunque en su proverbial ignorancia se crean lobos, Yo se que son únicamente los más estúpidos de entre todos Mis borregos, y como tal, compasivamente, serán pastoreados hacia la luz de Mi infinito amor, cuyo máximo exponente es éste blog. Sólo con tan "valerosa" incapacidad cerebral resulta posible el retorno de la grandeza y la gloria, que en justicia siempre nos ha correspondido, y que debe ser el merecido homenaje a los que, despreciando sabiamente el valor de sus propias vidas, resultaron caídos por Mí y por España.


viernes, 3 de julio de 2009

Dios 2.0.: El Nuevo Testamento.

Pese a la absoluta inmutabilidad de Mis Valores, los tiempos avanzan que es una barbaridad y tras varios cientos de años, tiempo verdaderamente insignificante para una criatura como Yo cuya es existencia infinita, se hace perentoria la necesidad de renovarse para seguir estando acorde a las necesidades humanas. Para ello se requirió una actualización de la ya demasiado primitiva, cruel y genocida versión Dios 1.0.. Para dicha actualización resultó básica la creación de un nuevo complemento en forma, ni más ni menos, que de Mi propio hijo. El hecho de que un ser como Yo, idealizado hasta la más suprema perfección y proclamado como causa primera que explica el origen del Universo, tenga un comportamiento tan humanizante como el de tener un hijo puede resultar algo desconcertante, pero efectivo. Constituye una nueva demostración de que, por muy chocante que resulte, dentro de Mi condición tiene cabida desde la creación de todo lo existente y la autoría de las sublimes leyes del Universo, hasta los comportamientos más mundanos y cutres, muy acordes a los gustos humanos.
El hecho de Me decidiese por la paternidad se ha demostrado como todo un acierto, una vez vista la enorme aceptación y popularidad de Mi Hijo, que ha conseguido la importantísima misión de que la fe en Mí se propague por todo el mundo superando su antigua área de distribución, muy limitada al pueblo judío. Por desgracia fue dicho pueblo quien renegó de tal actualización, ya que la versión antigua estaba creada exclusivamente a su medida. Además, Mi chaval Jesucristo, se ha convertido en un verdadero ídolo de masas, hasta el punto de que la devoción por Él ha acabando muy frecuentemente relegándome a Mí a un mero segundo plano. Su gran poder de seducción Me ha servido también para que se olvide en gran medida la obsoleta versión Dios 1.0., creando una religión más amable y vendible. Con la creación del Nuevo Testamento se actualiza igualmente Mi Libro Sagrado y se pretende dar el prestigio de verdad histórica a toda la mitología que rodea a la figura de Mi Hijo. Pese a que los Evangelios que se incluyen en la Biblia, han sido arbitrariamente elegidos de entre todos los existentes en función de su credibilidad y a que fueron escritos tiempo después de su muerte, se utilizan recurrentemente como pruebas para defender el carácter divino de Mi Hijo. La supuesta historicidad es muy a menudo utilizada como recurso empírico al que aferrarse a la desesperada para demostrar Mi Existencia.
Pese al indudable éxito que ha supuesto para Mi Religión el nacimiento de una madre Virgen de Mi Hijo, tengo que reconocer que me he inspirado considerablemente en la mitología de cultos paganos anteriores, cuyo poder de penetración en las masas estaba sobradamente contrastado. El verdadero escollo a salvar es la grave incoherencia conceptual de una religión monoteísta con dos dioses a los que, para más inri, hay que sumar el enigmático "Espíritu Santo". El hecho que ambos seamos distintos pero la misma persona a la vez es algo enormemente incoherente, pero que permite la necesaria actualización a Dios 2.0.. Por suerte, el Misterio Divino siempre puede justificarlo todo, permitiendo la pacífica cohabitación de tres dioses dentro de una religión monoteísta.
Pese a que no parece lógico basarse en antiguos aspectos mitológicos de cultos paganos para realizar una actualización de Mi religión, con Dios 2.0. y su complemento Jesucristo, se consigue que Mi religión sea más cutre, popular y cercana, favoreciendo su difusión. El éxito de dicha actualización y la satisfacción que produce la paternidad no quita para que tenga que reconocer que para alguien con tanto afán de protagonismo como Yo, el hecho de que Su Hijo Le haya eclipsado de tal forma, no Le resulta del todo grato. Ese es, hijos Míos, otro de los motivos que Me llevó a abandonar Mi ancestral indolencia, crear éste Blog y promover la Cibereligiosidad.

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