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martes, 5 de abril de 2011

La divina providencia.

En cuanto a único Dios creador de todo lo existente, Yo soy bastante detallista y tengo unos planes muy minuciosos para la vida de cada uno de mis feligreses. A eso se le llama la divina providencia y ellos deben saber acatarla de manera virtuosa. Aunque esa es la definición formal, no conviene olvidar que la sumisa aceptación de Mi voluntad tiene dos aspectos diferenciados en función de lo afortunado de las circunstancias vitales:
- Cuando el individuo goza de una vida privilegiada en comparación con la media de la población, se usa Mi voluntad para justificar tan benévolo destino, mediante la autoconvicción de ser Mi elegido. Así se acallan pensamientos incómodos y posibles remordimientos.
- Ante la adversidad se manifiesta como una poderosa arma de resignación, teniendo la función evidente de buscar consuelo a la desesperada ante los reveses de la vida. Es así como surge la idea de que las desgracias de la vida son en realidad ininteligibles e inescrutables designios de un dios amoroso como Yo, que en el fondo lo hace por el propio bien del individuo. Puede ser un serio obstáculo para el disfrute de la vida en tanto que la devota aceptación de Mi voluntad puede impedir la búsqueda de soluciones, originando indolencia y acallando el problema mientras simplemente se Me piden fuerzas para superarlo. En Mi religión recibe el descriptivo nombre de "resignación cristiana" y, por medio de la exaltación de la alegría del sufrimiento da lugar a las más piadosas formas de masoquismo.


La aceptación de la divina providencia, cuando se asciende al nivel de sociedad, resulta la más eficaz forma de consolidación de las más sangrantes desigualdades sociales. Su función es dar justificación al orden social establecido. La apelación a la voluntad divina consigue el aborregamiento del pueblo, preparándolo para así para ser pastoreado. Por eso la religión siempre ha sido tan utilizada por los poderes fácticos, y en una connivencia con Mi Iglesia de la que ésta sale muy beneficiada, ejerciendo su implacable tutela de las libertades. Si a ésto se une el que la desigualdad social es una admirable generadora de fe, queda claro el inigualable virtuosismo que supone la aceptación de la divina providencia. Es una verdadera pena que todo ésto se pierda con el avance en los derechos sociales y con la peligrosísima profundización en la laicidad del estado.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Un Dios de marca blanca.

El avance de los tiempos, con lo que de progreso de la la razón, del conocimiento y de las libertades conlleva, ha ocasionado un incremento del número de gente a la que le cuesta más creer en las deidades tradicionales a medida que se van quedando desfasados los arcaicos postulados de sus religiones ancladas a unas verdades reveladas absolutas y, por tanto, necesariamente inamovibles. Resultan entonces especialmente contraproducente para la fe valores tan importantes como el Oscurantismo, la Hipocresía y el Absurdo que caracterizan a Mi Iglesia. Eso por mucho que se consiga un cierto progreso con la ayuda de unas constantes e inevitables reinterpretaciones y relativizaciones de lo absoluto con el único fin de no quedarse fuera del mercado.
Es así que cada vez es mayor el número de gente que realiza una interpretación propia al gusto de sus necesidades, construyéndose su propia deidad a conveniencia. Ya que "en algo hay que creer", es más fácil hacerlo en una deidad genérica hecha a la medida del individuo.


Este proceso puede darse de muy diversos grados, yendo desde un simple tuneado de deidades como Yo o Mi Hijo, o la deidad predominante en el ámbito geográfico del sujeto, hasta la completa construcción de una nueva deidad tanto con con mezcla de varias como con imaginativas aportaciones propias. Lo único importante en el proceso es crear una deidad con el atractivo irresistible que proporciona el creer en lo que se ansia creer.
Quiero dejar bien claro que para considerarse un auténtico católico hay que creer en todos y cada uno de los caducos dogmas y preceptos de Mi Iglesia, ya que el hecho de cuestionárselos, olvidarlos o seleccionarlos al gusto para una mejor digestión, no tomándose en serio la fe como un buen borrego, simplemente porque sean Absurdos, sólo sirve para alejar al individuo de Mi verdad así como para acercarle a fuego eterno de la condenación, por mucho que pueda servir para aplacar los miedos existenciales y la necesidad de creer en lo sobrenatural.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Creced y multiplicaos.

Devotos y crédulos feligreses, el asunto hoy tratado es de suma transcendencia. Se trata de Mi expresa y bien conocida voluntad de que los humanos se reproduzcan ilimitadamente hasta rebosar la Tierra. El fin último ha de ser el de tener hijos que puedan crecer dichosos en su fe en Mí, una vez hayan sido convenientemente adoctrinados, claro está. Su comportamiento reproductivo ha de ser exactamente igual que el de todas las criaturas vivientes, cuyo ciego fin último es llenar el mundo de los de su especie.

El problema es que su inteligencia capacita a la especie humana para darse cuenta de algo tan simple como el que, con unos recursos naturales limitados, el crecimiento poblacional no puede ser ilimitado, así como para conocer las trágicas consecuencias que conlleva la superpoblación en cualquier grupo humano o animal. Lo cierto es que todas las especies animales sufren un control poblacional y cuando no es en forma de depredación, competencia o limitaciones del ecosistema lo es por hambrunas, enfermedades o sangrientas luchas intraespecíficas..La diferencia es que el ser humano es capaz de elegir conscientemente el sistema de control menos traumático y es ahí donde debe entrar la fe, para desposeer al hombre de semejante privilegio, equiparando su comportamiento reproductivo al de cualquier otra especie, mediante la completa anulación de esa misma inteligencia que le hace creerse superior al resto de Mi creación. Porque las desigualdades sociales, la elevada natalidad y la miseria acostumbran a retroalimentarse de una forma altamente provechosa para la generación de esa maravillosa ignorancia que asegura una exitosa propagación de la fe. Por eso es necesario que Mi Santa Iglesia luche contra el uso de cualquier método anticonceptivo.

Pese a que Yo sólo haya tenido un hijo y a que se lo haya prohibido totalmente al clero a Mi servicio, vosotros habéis de criar sin límites, sometiendo a ese único fin toda vuestra sexualidad. ¡Creced, creed y multiplicaos!, hijos Míos, dichosos y despreocupados gracias a vuestra borreguil fe, siempre con la absoluta confianza en que al final Yo proveeré y con la única, pero suficiente, certeza de Mi existencia que supone este Blog.

martes, 27 de julio de 2010

El machismo de Mi Iglesia

A menudo Mi Santa Iglesia recibe injustas acusaciones de machismo. El hecho de que las mujeres no puedan alcanzar el sacerdocio ni, por ende, tener acceso a ningún tipo de cargo de responsabilidad en una institución tan proverbialmente jerarquizada como es la que vertebra tan sagrada institución, puede llevar a confusión a aquellas mentes díscolas tendentes a la fácil tentación de negarse a sojudgar cualquier tipo de pensamiento a la iluminadora luz de la fe. Ante estas falacias es necesario reivindicar el papel de la mujer en el seno de Mi Iglesia. De hecho, la mujer debería estar agradecida y halagada por haberle sido tan generosamente encomendada la importantísima responsabilidad de atender a los enfermos, barrer, limpiar, fregar, lavar, planchar, cocinar, coser y bordar, entre muchas otras, así como la más discreta función de aplacar ocasionalmente el fuego carnal, cuando este se desata irrefrenable, entre aquellos miembros heterosexuales de Mi célibe comunidad sacerdotal que renuncian a derrochar su amor con los tiernos y apetecibles impúberes cuyo cerebro esta siendo ejemplarmente moldeado con el objetivo de fomentar su fe en Mí. Este tipo de vitales funciones permite a las mujeres de Mi Iglesia realizarse sirviendo a su Dios, por medio de una servil subordinación a la jerarquía masculina. La mujer no ha de pretender pastorear al rebaño, sino gozar de la inigualable y despreocupada dicha de formar parte de él, limpiando, siempre que sea necesario, los restos orgánicos a su paso. Como bien dijo el bueno de Benedicto: "es imposible e inútil el querer imaginar una Iglesia sin la aportación femenina".


Y para aquellos más escépticos no puede haber mejor prueba del papel protagonista de la mujer en el catolicismo, que la de Vuestra Señora la Virgen María, figura central de Mi religión, por haber traído al mundo tras concebir, por obra y gracia del Espíritu Santo, al mismísimo hijo de Dios. ¡Qué mayor privilegio que el de gestar en su purísimo vientre de alquiler a Mi chavalote!. ¡Aquí sí que no cabe interpretar un papel femenino secundario!. Ni más ni menos que una mujer dándole descendencia masculina a un Dios tan machote como Yo, con la ayuda de un palomo. ¿Alguien osa desafiar Mi ira justiciera acusándome de machista ante semejantes argumentos?.
Además, las mujeres también tienen permiso para ejercer el sacramento de la oración, con lo que eso supone de privilegiado acceso a Mí. Yo os garantizo, hijos Míos, que son escuchadas prácticamente con el mismo interés que los rezos masculinos.
Hay que decir que si la iglesia fuese machista el grueso de su feligresía practicante no estaría formado por mujeres, muy especialmente las de mayor edad. Bien es cierto que en muchos casos dicha edad es la que les ha permitido mantenerse a salvo de los perniciosos efectos de avances sociales como la igualdad de género.
El avance del feminismo supone un desafío a la ley natural y a la voluntad divina. No basta con reinterpretar generosamente los libros sagrados para hacerlos compatibles con las nuevas exigencias del mercado. Como ocurre con todas las religiones, su exclusiva posesión de la verdad absoluta e inamovible generadora de dogmas soporta muy mal el paso del tiempo y los avances sociales. Dejan en escandalosa evidencia el carácter ya obsoleto de unos valores morales intemporales cuyo origen divino no admite anacronismos. Eso conllevaría el que esas religiones son una mera creación humana fruto de la mentalidad de épocas pasadas en las que la mujer era consideraba un ser inferior.
Por eso la mujer ha de defender su dignidad llevando una existencia dichosa en el servicio a su marido y la gestación de tantos hijos como les de Yo, con actitud que muestre en todo momento su atenta disposición. Es escandaloso como, con tantos avances, se está poniendo en serio peligro el modelo tradicional de familia. El divorcio, los anticonceptivos y el aborto son peligrosas obras del Maligno. La mujer maltratada ha de aguantar lo que le de Dios, porque así debe ser. Porque una sociedad en la que la mujer intenta emular antinaturalmente al varón buscando responsabilidades que no le corresponden es una sociedad degenerada y atea. En la incomparable labor de tutela de las libertades, Mi Santa Iglesia debe velar por el cumplimiento, siempre, de Mi magnánima voluntad, la del único Dios verdadero cuya única garantía de veracidad es su existencia probada, al fin, mediante la reveladora creación de este blog.

viernes, 30 de abril de 2010

La existencia del Mal.

El hecho de que, siendo Yo tan sumamente bondadoso, permita la existencia del Mal es una de las grandes contradicciones de Mi religión. Para justificarlo se utilizan todo tipo de pintorescos razonamientos que van desde descargar responsabilidades en el Malvado Satanás hasta basarse en el libre albedrío. El problema es que por mucho que se maree la perdiz y se le den vueltas para despistar, si Yo soy Todopoderoso, Omnisciente y Creador de todo lo existente, el Mal ha de ser obra Mía por acción y omisión. Sin embargo, no está mal el desesperado intento de Mis devotos creyentes por escurrir el bulto, y otro ejemplo en esa línea del tipo de lógica difusa, efectista e insostenible que constantemente se usa en la defensa de la fe es este que enlazó en este Sagrado Blog un ejemplar miembro de Mi ovino rebaño, en forma de leyenda:


En él se utiliza una bonita parábola en la que se equipara el Mal al frío y a la oscuridad. De esa forma, el frío no existe sino que es una ausencia de calor, lo mismo que la oscuridad es solamente ausencia de luz. Definido en esos términos, el Mal sería la ausencia de Bien. Ciertamente los términos frío y oscuridad son sólo definiciones utilizadas por el hombre para referirse a las ausencias de luz y de calor. Es una verdadera pena que el Bien no pueda medirse como sí puede hacerse empíricamente la luz y el calor, con lo que nada impide que, de la misma manera, pueda interpretarse el Bien como ausencia de Mal. En cualquier caso, lo bueno, es que no hace falta que los argumentos resistan un análisis racional porque, queridos hijos Míos, la necesidad de creer hace que cualquier Absurdo razonamiento sirva para aplacar las inquietudes mentales. Como ejemplo utililizaré otra parábola igualmente redundante en el Absurdo:

Alguien está en su casa por la noche y, de repente, un apagón le deja sin electricidad. Llama a su compañía eléctrica y le dice que qué ocurre en el suministro para que él se haya quedado a oscuras y tiritando de frío por no tener calefacción. La respuesta que recibe es que no se preocupe que ni la oscuridad ni el frío existen. El usuario, por supuesto, se queda mucho más tranquilo. No se lo toma mal porque el Mal tampoco existe.


Lo cierto es que, querida feligresía, se le dé el nombre que se dé, Yo Bien podría en Mi omnipotencia no haber creado la ausencia de Bien. Lo que ocurre es que Mis designios son inescrutables, Mi indolencia proverbial y Mi sadismo insaciable. Y, si bien, Mi existencia no depende de que Yo sea bueno o malo, la verdad es que sí lo hace la fe en Mí, puesto que la gente necesita creer en un Dios bondadoso. Y Yo no sería nadie sin Mis masas de devotos y serviles feligreses buscando satisfacer Mi insaciable arrogancia.
Por otro lado, Me parece inadmisible que en el artículo citado se Me ningunee diciendo que Yo no creé la ausencia de Bien. Todo el mundo sabe que Yo soy El Creador de todo lo existente, incluyendo este iluminador blog que se constituye en verdadera y única prueba empírica de Mi propia existencia.

viernes, 16 de abril de 2010

La naturaleza al servicio del hombre.

Hoy voy a hablar, querida feligresía, de un tema tan importante como la ecología y la relación del hombre con el medio ambiente. Lo que os debe quedar claro es que la naturaleza corpóreo-espiritual del hombre es la que la garantiza la superioridad humana sobre todo lo existente en Mi maravillosa creación. El mundo, con toda su variedad de paisajes, es hábitat para el hombre que, mediante sus creaciones humanas, trata de hacer del planeta tierra un hogar en el cual vivir dignamente y poder desarrollar su existencia. Esta tierra es un don divino, que debe custodiar y cultivar; comprender y estudiar en sus leyes naturales, siempre y cuando no resulten inconvenientes para la fe. Es mediante religiones como la Mía, en tanto y cuanto que generadora de certezas acerca de la muy anhelada necesidad de superioridad humana, que pueden hacer aseveraciones como que la naturaleza ha sido creada al servicio del hombre. La mente humana Me utiliza para fundamentar su necesidad de sentir que la naturaleza le pertenece y, por lo tanta, está en su derecho de usarla como le convenga. Para ello es completamente necesario olvidarse de los avances científicos que han ido progresivamente desplazando al planeta Tierra de su privilegiada condición de centro del Universo a otra posición mucho más insignificante y periférica. Lo mismo puede decirse de las evidencias ecológicas y evolutivas que relega a la especie humana al papel de un mero integrante más del equilibrio natural y le desposee de una transcendencia que le situaba en una privilegiada posición de inmune superioridad.


Está bien eso de cuidar el entorno y de proteger las alimañas pero siempre que se tenga muy presente que el ser humano es la especie por Mi elegida y puede disponer a su antojo de los recursos naturales. Aquellos que afirman que los recursos del planeta son limitados y que la especie humana es una especie más de las que puede extinguirse como consecuencia de un grave desequilibrio ecológico no son sino denostables e irreverentes ateos, siempre al servicio del malvado Satanás. La naturaleza ha sido por Mí creada para el disfrute único y exclusivo del ser humano, por muchos disgustos que las catástrofes naturales puedan ocasionarle. Tal superioridad está justificada por la fe en Mí, queridos feligreses, y esa es la mayor garantía que puede haber, siendo casi tan grande como la propia certeza de Mi existencia que queda completamente demostrada con este divino blog.

lunes, 8 de marzo de 2010

El pecado.

El pecado es la ofensa a Mí y a Mis leyes y preceptos arbitrariamente dictados. Mi rebaño de creyentes debe obrar conforme a Mis reglas, en tanto y cuanto que soy Yo quien decide lo que está bien o mal y , por ejemplo, asesinar a niños indefensos sería buenísimo si Yo así lo decidiese (como de hecho lo he hecho en alguna ocasión) y puedo cambiar de opinión siempre que Me parezca. El ser humano deberá considerar como bueno lo que Yo decida, pues sólo así pueden establecerse unos principios morales válidos. Ésta es la única forma de no caer en el relativismo moral ateo. Pese que Yo otorgué libre albedrío al ser humano para llevarme la contraria, no está nada bien hacerlo y se denomina pecado. El pecado puede ser de obra o de pensamiento, que Yo todo lo sé y no perdono ciertos pensamientos.
Dentro del apasionante mundo del pecado está el muy Absurdo Pecado Original que es ese que se viene de serie al nacer. Se hereda de los ancestros igual que una enfermedad genética, sólo que de dicho pecado no se libra ni Dios. Bueno, Yo sí y la Virgen también, pero nadie más. También están los pecados capitales, todos ellos producto del vicio. Los siete tradicionales son: la gula, la pereza, la lujuria, la soberbia,  la avaricia, la envidia, y la ira. Por suerte esos pecados no son aplicables a Mí, debido a Mi privilegiada condición, ya que, sobre todo en Mi versión 1.0. , la del Antiguo testamento, en donde se hace gala de una incestuosa lujuria, también se manifiesta Mi caracer sumamente envidioso, soberbio e iracundo. A eso hay que añadir Mi acostumbrada pereza que fue la responsable de que Me costase tanto tiempo crear y manifestarme a los seres humanos, así como la avaricia de Mi Santa Iglesia. A éstos siete, dicha institución ha añadido en su reciente actualización las manipulaciones genéticas y la experimentación con embriones humanos, así como el enriquecimiento hasta límites obscenos a expensas del bien común. Para solventar tan desproporcionado enriquecimiento lo mejor es donar el dinero a Mi Santa Iglesia que siempre está muy necesitada.


Los demás pecados se dividen en veniales y mortales. 
- Los veniales son pecadillos de segunda, de poca importancia cometidos casi sin querer. No priva al alma de su gracia santificante pero disminuye el lustre de su virtud. Pueden ser remitidos con la oración, la contrición, la comunión ferviente y otras obras pías. Sin embargo, es laudable su confesión. Los difuntos han de pasar por el Purgatorio al modo de trámite burocrático para la purificación de sus pecados veniales, antes de ingresar en el Cielo.
- Los mortales consisten en la violación con pleno conocimiento y deliberado consentimiento de Mis mandamientos en una materia grave. Es una aversión por Mí y condena al pecador a una horrible y justiciera condenación. En esta categoría se encontraría el ateísmo deliberado de aquellos que se han revelado contra su adoctrinamiento infantil. También se encontrarían el secuestro, el asesinato, el incesto, el atraco, la promiscuidad, el adulterio, la sodomía, no ir a la Eucaristía los domingos, la violación o el suicidio, entre otros. Eso, por mucho que en el Antiguo Testamento se haga, nuevamente, frecuente apología de muchos de ellos. Para redimirse hay que someterse al sacramento de la penitencia, o bien ser perdonado por alguien que se haya sometido a tan masoquista ritual. Con eso se da por satisfecha Mi sádica condición.

Espero que con esta entrada Mi feligresía se aleje más del pecado y de la vengativa e infernal condenación  con la que lo castigo Yo vuestro Dios, el bien en estado puro.

jueves, 11 de febrero de 2010

El sacramento de la oración.

La oración representa, hijos Míos, una de las más importantes partes de una religión. Hasta que no creé este blog suponía la única forma del del creyente de comunicarse directamente conmigo con el fin de rendirme suplicante pleitesía. Dada Mi sublime condición de ser bondadoso, omnipotente, omnisciente y omnipresente, el hecho de esperar a que se Me pidan las cosas en oración para darme por enterado puede ser un tanto desconcertante. También lo puede ser el que Mis actos libres y todopoderosos se vean influenciados por tales peticiones de Mis mortales creyentes.Un malvado ateo podría argumentar que la oración es una evidencia de que las divinidades han sido creadas por la mente humana para dar respuesta a sus necesidades. Que no es sino una peculiar manifestación supersticiosa que se basa en la necesidad humana de crearse una ilusión de falso control sobre partes de su vida o de la de otras personas sobre las que nada pueden hacer. Ésto se ve acrecentado sobremanera en situaciones de desesperación e impotencia. También responde a un recurrente gusto por los rituales y a otra necesidad, consecuencia de la visceral necesidad de Mi existencia, como es la de sentirse protegidos y escuchados por una divinidad cercana con atributos muy humanos, por muy irracional y contradictorio que esto pueda ser. Dicha necesidades fomentan también la aparición de otras figuras más mundanas como santos y vírgenes a las que también poder orar con más confianza. La oración debe ser inculcada cuanto antes a los niños para asegurarse de que se hacen adeptos a Mi religión.
El hecho mismo de ansiar y exigir el que Mis feligreses se postren servilmente ante Mí puede resultar un tanto Absurdo y cutre para alguien de tan suprema condición como la Mía, que ha llevado una existencia infinita antes de crear a criaturas tan pedigüeñas y necesitadas de Mí. Pero lo cierto, querida feligresía, es que más infinita que Mi existencia es Mi arbitraria arrogancia y eso justifica tanta exigencia y demanda de plegarias por Mi parte. La oración tiene más valor cuanto más sufrimiento se experimente durante el acto. Por eso valoro tanto cuando se Me reza de rodillas o cualquier otra postura que demuestre una penosa humillación ante Mí, cuanto más mejor.
¡Oradme hijos Míos servilmente postrados ante Mí!. Sólo así puede que Me digne a acordarme de vosotros.

jueves, 7 de enero de 2010

El pecado original.

En el siguiente vídeo puede verse a ese ateo malvado llamado Richard Dawkins hablando de un concepto de importancia tan vital para Mi religión como es el del Pecado Original:



Como habéis podido comprobar, querida feligresía, es lamentable que pueda existir la posibilidad de ridiculizar un dogma de fe como es el del pecado original. Lo que todo buen creyente de Mi religión debe hacer para olvidarse de éstos ataques racionalistas es aborregarse aún más y dejarse pastorear servilmente por los pastores de Mi Santa Iglesia.
El pecado original es un pecado de soberbia, hombres y mujeres autosuficientes, independientes, rebeldes a toda norma, orden o mandato, aunque venga del Papa. Para ellos sólo vale lo que ellos opinan, y lo que ellos quieren. No se someten a nadie. Quieren ser como dioses. Ése fue el pecado de Adán y Eva.
Por supuesto que es absolutamente absurdo e incongruente pretender basar un dogma de fe de tanta importancia en Mi religión el episodio bíblico de Adán y Eva y decir al mismo tiempo, para adaptarse al conocimiento científico que evidencia su carácter mitológico, que se se trata de algo meramente simbólico. Pero el problema, como siempre, no está en el absurdo que rezuma a borbotones en todo lo que integra Mi religión y que siempre puede salvarse alegando al Misterio Divino, sino en el hecho de que haya quien haga ilegítimo uso de la razón para desasosegar la plácida existencia que llevan Mis aborregados creyentes, con su ejemplar limitación mental al servicio de la fe. Tan devastadora misión en contra de la fe sólo puede ser llevada a cabo por aquellos que están al servicio del malvado Satanás, por mucho que su existencia esté tan repleta de absurdo como la Mía.
Debo decir también que la cruel tortura a la que sometí a Mi propio hijo de forma completamente arbitraria y caprichosa, para redimir al ser humano un pecado que Yo hice hereditario, responde a Mi consabida condición de sádica bondad, de la que ya Me he dignado a hablar en anteriores entradas de este iluminador blog.
En lo único que puedo dar la razón al execrable ateo Richard Dawkins es en que el concepto de pecado original resultará completa chocante para aquellos que no hayan recibido el suficiente adoctrinamiento, a los que tengo que añadir la no despreciable cantidad de creyentes que se evita a sí mismo el mal trago de conocer el inconsistente entramado que soporta la estructura de esa religión en la que creen por inercia y por simple necesidad de creer.
El pecado original, querida feligresía, es caer en la infinita soberbia de creerse Dios, que sólo puede haber uno y ese, por supuesto, que soy Yo.

lunes, 20 de julio de 2009

Mi sádica condición.

Pese a que Mi bondad es algo que resulta absolutamente indiscutible e indispensable para Mi religión, no es difícil para el común de los mortales percibir que, siendo Yo el único creador de todo lo existente, también soy el responsable último de todo el mal y el sufrimiento que padece Mi creación. Éste espinoso asunto ya quedó completamente aclarado en Mi anterior entrada titulada "Mi Infinita bondad".
Una vez que se admite, por medio del Misterio Divino si hace falta, que Yo soy bondad en estado puro también tengo que admitir que la crueldad también forma parte de Mi sublime condición. Reconozco que obtengo un placer inusitado infligiendo dolor a las criaturas de Mi creación. Es esa la verdadera causa de que Me decidiese, de forma completamente arbitraria, a crear el mal y el sufrimiento. Me deleita ver cómo Mis feligreses cargan sobre su conciencia con una constante carga de culpa por quebrantar las prohibiciones por Mí impuestas, como consecuencia de una condición de la que Yo les doté a Mi antojo. Lo mismo Me sucede al condenarlos misericordiosamente al justiciero fuego eterno del Infierno.

También disfruto sobremanera exigiendo a Mis cobayas humanas sumisa resignación cuando de manera caprichosa decido llenar sus vidas de gratuito sufrimiento. Eleva mucho la autoestima ver lo necesaria que resulta Mi salvadora intervención para encauzar la marcha de un Mundo que padece las consecuencias de Mi incomparable indolencia y de Mis acostumbradas ausencias. Porque lo mismo Me reconforta el sufrimiento por Mí ocasionado directamente, como el originado pasivamente por las calamidades fruto de la omisión de Mis responsabilidades y de Mi todopoderosa ayuda. También es muy importante como, de forma indirecta, se alimenta Mi insaciable autoestima al contemplar la destrucción ocasionada por el malvado Satanás, al que Yo mismo creé.


Mi sadismo es también la verdadera causa que explica las guerras, y muy especialmente, las libradas en Mi nombre. La combinación de éste con el concepto de Patria siempre a generado un valeroso y desatado ardor guerrero.

A diferencia de muchos de los aspectos de la religión, será muy fácil para Mis lectores comprender que así se obtiene una indescriptible y majestuosa sensación de dominio sobre toda Mi Creación, cuyo fin es servir de alimento para Mi infinita arrogancia. Porque de nada sirve ser Dios si no puedes disfrutar de los privilegios asociados a tal condición.
Aquellos de Mis devotos seguidores que se sientan contrariados con lo que aquí expongo quiero decirles que eso siempre ha sido siempre así y, en mayor medida, en la vengativa, genocida, obsoleta y muy iracunda versión Dios 1.0. Tampoco están nada mal la sangre que hice derramar a Mi hijo y las torturas a las que se vio sometido, para actualizarme a Dios 2.0.. Tan sólo tenéis que consultar la Biblia, ese libro sagrado en la que se adoctrina a tantas tiernas mentes infantiles para conocer verdaderamente a ese Dios sediento de sangre que soy Yo.


Una de las maneras de las que más Me gusta manifestarme es mediante los estigmas, esas maravillosas manifestaciones de una fe auténticamente hemorrágica. También es de siempre conocido lo mucho que Me gusta el dolor físico como trámite necesario a cumplir por Mis fieles cuando quieren hacerme súplicas o mostrarme su agradecimiento. O Mi fijación con la penitencia, y Mi preferencia por aquellos que autodisciplinan de manera sangrante con aparatos tan ingeniosos como el cilicio, de tan acostumbrado uso en el Opus Dei.

Me encanta que se Me alabe por medio de procesiones con tintes verdaderamente macabros en las que Mis feligreses se recrean en las torturas sufridas por Mi chaval Jesucristo, a la vez que se fomenta el más ejemplar cutrerío religioso y se cultiva el necesario gusto por la ostentación.


El martirio en Mi nombre y en el de la defensa de Mi fe siempre ha sido muy valorado por Mí y por Mi Santa Iglesia, que acostumbra a premiarlo con la santidad.


Tengo que confesar que echo mucho de menos los tiempos de la Santa Inquisición, que tanto bien ha hecho por el género humano, y que tantos momentos inolvidables Me ha deparado.

Puede parecer evidentemente contraproducente para la fe el hecho de que hable tan explícitamente como lo he hecho en ésta entrada de Mi sádica condición, pero lo cierto es que, cuando se trata de temas religiosos, la evidencia siempre acaba postergada ante la profunda necesidad humana de creerse elegido por Mí, un Dios al que temer y respetar pero cuya bondad garantiza la tan ansiada y reconfortante transcendencia. El constreñimiento del pensamiento que ocasiona la fe tiene, así mismo, efectos protectores muy beneficiosos para su preservación frente a los más perniciosos razonamientos. De hecho, el miedo y el sufrimiento tienen la maravillosa y provechosa virtud de generar una profunda fe en el ser humano. Al fin y al cabo, el bien y el mal son algo meramente absoluto que Yo siempre puedo cambiar.
Por supuesto que también hay alegrías en la vida y es que no podría ser de otra forma porque, es proverbial Mi bondad e infinita Mi Misericordia. De hecho es gracias a la fe en Mí como más se disfruta la vida, pese a lo que puedan decir los denostables ateos. Es por eso que os ruego, queridos feligreses, que Me busquéis en vuestros corazones y que os abandonéis aborregados y libres de los perniciosos efectos de la razón, a Mí, vuestro buen pastor, conscientes de que el sufrimiento no es sino una grandiosa virtud destinada a mitigar el insaciable sadismo, que caracteriza a vuestro Dios, único referente válido para la moral humana.

lunes, 13 de julio de 2009

Dios y Patria.

Quiero analizar la tradicional mezcolanza que se ha producido entre los términos Dios y Patria. La recurrente asociación de éstos dos conceptos ha sido muy provechosa para las diferentes religiones a lo largo de la historia. Tan extravagante binomio se compone de:
- Dios. Término que define a la causa primera del Universo, en cuanto que ser de existencia infinita creador de sus leyes y de todo lo existente. Se trata, en teoría, de un concepto claramente universal.
- Patria. Se refiere a una porción determinada de territorio del Planeta Tierra, de extensión insignificante comparada con la inmensidad del Universo, definida en base a estar habitada por un grupo étnico o cultural determinado de entre los muchísimos que hay dentro de la especie homo sapiens, que supone solamente una de las millones de especies vivas existentes. Se trata, por lo tanto, de un concepto indudablemente localista de magnitud completamente despreciable frente a lo universal.
La fuerte asociación de éstos dos términos puede resultar ridícula y completamente inexplicable si se analizan las abismales diferencias de escala de aquello que engloban. El hecho de pretender que Yo, en Mi suprema grandeza, pueda mostrar un favoritismo especial por un determinado grupo humano que habita cierto ámbito geográfico denota una profunda cerrazón mental de aquel capaz de concebir tan pintoresca idea. El que siempre haya existido ésta concepción religiosa pueblerina puede ser fácilmente explicado si se considera a las deidades como simples criaturas mitológicas creadas en base a las necesidades tribales humanas de establecer el respeto por una autoridad superior que sea compartida por todos los miembros del grupo. También resulta fundamental la imperiosa necesidad humana de creerse el centro del Universo. Con el surgimiento de las modernas religiones monoteístas, cada pueblo pasa de crear a versionar la deidad en cuestión, de tal forma que pueda seguir considerándose bien como elegido por ella o bien que, al menos, siga desempeñando su ancestral labor de autoridad tribal. Parece que es tan sólo un profundo y visceral irracionalismo lo que subyace y cimenta la combinación de Dios y Patria. A lo largo de la historia son muchos los que han muerto o han matado defendiendo ésta extraña y recurrente amalgama.


Es así como tan virtuoso binomio, pese a su marcada incoherencia conceptual, resiste estoicamente el paso de los tiempos, sirviendo de acicate para la fe. La verdadera suerte es que la corrosiva razón nunca se haya llegado a mezclar en éstos asuntos, dominados únicamente por el primitivismo costumbrista de las más rancias tradiciones. Ni que decir tiene que Me estoy refiriendo solamente a aquellos países de tradición católica como España, donde tanto bien ha hecho ésta casposa asociación de Dios y Patria. De no ser por la constante intervención de Mi implacable Iglesia en connivencia con la más reaccionaria extrema derecha, éste piadoso país habría seguramente sucumbido mucho antes al libertinaje de la cultura y la razón. Es la tutela de esa sacrosanta Iglesia, que tanto necesita el dinero de los contribuyentes, la que ha logrado mantener durante muchos años al país en los niveles de subdesarrollo e ignorancia que tan provechosos resultan para la fe. Por desgracia, con la llegada de la democracia y de las libertades, se corre el riesgo cierto de que la sociedad se olvide de Mí, y de la grandeza de una Patria siempre al servicio de Dios.


¡Alabados sean aquellos cuya profunda cerrazón y limitación mental les sigue avocando a la idea de una Patria grandiosa y temerosa de Dios!. ¡Bienaventurados aquellos individuos unineuronales que violenta e irracionalmente defienden tan noble causa!. Su manifiesta inferioridad mental debe ser siempre ensalzada y tomada como ejemplo de borreguismo por el resto de Mi rebaño. Porque aunque en su proverbial ignorancia se crean lobos, Yo se que son únicamente los más estúpidos de entre todos Mis borregos, y como tal, compasivamente, serán pastoreados hacia la luz de Mi infinito amor, cuyo máximo exponente es éste blog. Sólo con tan "valerosa" incapacidad cerebral resulta posible el retorno de la grandeza y la gloria, que en justicia siempre nos ha correspondido, y que debe ser el merecido homenaje a los que, despreciando sabiamente el valor de sus propias vidas, resultaron caídos por Mí y por España.


lunes, 25 de mayo de 2009

La endémica pederastia de Mi Iglesia.

Resulta recurrente la aparición de noticias acerca de las prácticas pederastas dentro del clero de Mi Santa Iglesia. Recientemente salía a la luz pública el caso irlandés, con testimonios de que al menos 2.000 de los 35.000 niños que se educaron en estos colegios sufrieron entre los años 50 y los 80 “abandono, abusos físicos, sexuales y emocionales" en múltiples instituciones de la Iglesia católica en Irlanda. Dichos abusos fueron ignorados por las autoridades y ocultados por la jerarquía de Mi Iglesia. También resulta reciente el caso del ejemplar Marcial Maciel, pederasta fundador de los ultraconservadores "legionarios de Cristo".
Ciertamente casos de éste tipo han ocasionado fuertes desembolsos económicos en forma de indemnizaciones a Mi Iglesia principalmente en países como Estados Unidos y Australia. También se han producido un gran número de casos constatados en España, Francia, Méjico, Italia, Alemania, Austria, Polonia, Gran Bretaña, Centroamérica, Puerto Rico, Colombia, Brasil, Argentina y Chile. También es cierto que éstas prácticas cotidianas de las diócesis católicas han sido más efectivamente silenciadas en los países latinos que en los anglosajones.
Los datos son abrumadores y las tendencias por un desmedido "amor a la infancia" son bien conocidas por la gente de a pie, al margen de los datos oficiales. En ciertos lugares de España han dado lugar a irónicas expresiones como "esconded los traseros que vienen los de los baberos" refiriéndose a los hermanos maristas. Por suerte en éstos países se ha optado mayoritariamente por la "resignación cristiana" y por el silencio, viéndose así minimizada la repercusión real del problema.
La actitud de Mi Iglesia ante éstos casos es siempre loable puesto que siempre ha tratado de silenciarlos y ocultarlos. Es una verdadera lástima, así como un grave contratiempo para la difusión de Mi mensaje de amor y esperanza, el malentendido producido a raíz de la revelación pública de un documento altamente confidencial de Mi Iglesia llamado "crimen sollicitationis". Dicho documento fue enviado por el Cardenal Alfredo Ottaviani, secretario del Santo Oficio (hoy la Congregación para la Doctrina de la fe) en 1962 a todos los sacerdotes y obispos católicos y en él se explican los procedimientos que deben seguirse para hacer frente a los casos de clérigos de Mi Iglesia acusados de haber utilizado el sacramento de la Penitencia para hacer peticiones sexuales a los penitentes. En ese momento, el ahora Papa, Benedicto XVI era un teólogo de dicha congregación de la que acabó siendo Prefecto diecinueve años después. En dicho documento se exhorta a manejar los casos con el más escrupuloso secretismo y se amenazaba de excomunión a aquel que no lo hiciese así. Además se especificaba que los mismos procedimientos deberían seguirse en caso de denuncias ante comportamientos de homosexualidad, pederastia o zoofilia por parte del clero. Éste documento apareció a la luz pública en el peor momento posible, que fue durante el escándalo originado en Estados Unidos por la denuncia de miles de casos de pederastia cometidos por sacerdotes católicos. En 2001 el entonces cardenal Joseph Ratzinger enviaba una epístola con el nombre “Delictis Gravioribus” a todos los obispos y otros miembros de Mi clero recordando la validez a las instrucciones dadas en "crimen sollicitationis". Volvía a quedar meridianamente claro que las responsabilidades que los graves abusos debían ser judgados y castigados únicamente dentro del seno de la Santa Iglesia. Nadie puede tachar de incoherente ésta forma de actuar porque, de hecho, la Congregación para la Doctrina de la fe que dirigía el bueno de Ratzinger cuando dio esas directrices no es otra cosa que el nombre moderno que recibe la muy conocida y añorada Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición, en cuyo manual del inquisidor aparece: "No hay que ser muy celoso en perseguir a religiosos y sacerdotes, pues el proceso de un sacerdote siempre puede interpretarse como proceso a todo el clero".
Después de todo lo expuesto quiero hacer una encendida defensa de Mi Iglesia ante el gran desprestigio que está sufriendo su buen nombre como consecuencia no ya únicamente de la existencia de un número tan elevados de casos de "solicitación infantil", sino también de su decidida estrategia de acallamiento y ocultación de los abusos. Dentro de dicha estrategia se circunscriben los frecuentes y necesarios cambios de ubicación geográfica a la que se ven sometidos los curas abusadores. Cuando éstos reinciden simplemente se les vuelve a cambiar de parroquia a otra donde los feligreses desconocen sus hábitos pederastas.
Dado que la función de Mi Iglesia no es otra que difundir Mi mensaje de amor y esa debe ser su única prioridad, es normal que en algunas ocasiones su gran y noble dedicación lleve a parte de Mi clero a las más encendidas prácticas amorosas con la indefensa infancia a la que está en el deber moral de suministrar el necesario adoctrinamiento en la única fe verdadera. Puede que eso no sea fácilmente entendido por aquellos que carecen del suficiente constreñimiento mental religioso, pero todo es perdonable cuando se trata de evitar la horrible condenación que espera a aquellos que no crean en Mí.
Ya que no quiero que algún avieso ateo malinterprete Mis palabras, tengo que aclarar que los clérigos pederastas son merecedores del peor de los castigos estipulados por la ley, pero no por una ley cualquiera, sino por la ley de Dios, la Mía propia siempre más justa que la hombre, en tanto que únido referente válido sobre la que construir una moral humana. Para que los piadosos pederastas puedan recibir el castigo que realmente merecen deben de poder ser judgados exclusivamente por los códigos canónicos, hay que obstruir la justicia evitando cualquier interferencia por parte de la imperfecta legalidad civil creada por una sociedad que se cree en la legitimidad de crear sus propias leyes, al margen de las de Dios y su Iglesia. Porque tales son los desmanes provocados cuando se vive a espaldas de la única fe verdadera y se cae en una irrefrenable tendencia laicista.
Suele obviarse de forma malintencionada que quien incurre en prácticas de abuso infantil en el seno de Mi Iglesia sufre sanciones tan severas como la suspensión de celebrar Misa y de escuchar confesión sacramental. Pero no se queda ahí Mi implacable Iglesia que para las situaciones más graves, puede llegar incluso hasta a la degradación al estado laico. Al contrario que las penas decretadas para quien rompa el secretismo, no se dice aquí nada de la severísima excomunión. Con tan duras penas nadie puede decir que un clérigo pederasta puede quedar impune, porque puede llegar a quedarse en la calle como un simple ciudadano más sin ningún tipo de antecedente penal ni impedimento para seguir con sus prácticas de abuso infantil, pero eso sí, sin dañar el buen nombre de la Iglesia que lo ha expulsado después de encubrir sus prácticas aberrantes. Porque en su virtuoso afán por salvaguardar la fe quien más pierde con éstos casos es Mi Iglesia que se ve obligada a desembolsar cuantiosas sumas de dinero cuando se percata de que no le queda otro remedio para evitar el escándalo.
Es debido a eso y no a una posible flaqueza de fe en los miembros de Mi jerarquía, que se hace absolutamente imprescindible silenciar y ocultar la endémica pederastia que habita en su seno, con la siempre inestimable ayuda de ese oscurantismo que tanto bien ha hecho siempre por Mi Santa Iglesia Católica Apostólica Hipócrita y Romana.
Además es fácil de entender, para cualquiera con unos conocimientos mínimos de las necesidades sexuales humanas, que de alguna manera hay que aplacar la libido de un clero célibe.

Enlaces:
El caso Irlandés (gentileza del devoto Telecansino)
Crimen sollicitationis: (1), (2)
Delictis Gravioribus

lunes, 27 de abril de 2009

La necesaria justificación divina de la moral.

Es frecuente que cualquier tipo de creyente afirme que es su religión la que le permite tener unos valores morales firmes y absolutos, de los que carece todo aquel que no profese ninguna de las innumerables creencias existentes. ¿Cómo puede establecerse una moralidad sin echar mano de alguna deidad justifique lo que es bueno y lo que es malo?. Un Dios bueno, como Yo, en contraposición de una deidad malvada como el malvado Satanás sirven al ser humano como justificación última e inapelable. Solo con un argumento sólido como éste puede construirse la verdadera moral.
Puede resultar un tanto inconveniente para la defensa de éste enfoque el hecho de que, partiendo de tan ingente cantidad de puntos de partida como número de religiones hay, todos los caminos de la moral religiosa acaban confluyendo prácticamente en los mismos principios. Si cada deidad fuese quien, de forma completamente arbitraria, decidiese lo que es bueno y lo que es malo, sería muy raro tal grado de coincidencia como la existente. Parece que el nexo de unión entre todas las morales humanas es el propio ser humano y no sus deidades. Como si, partiendo de una moral básica preestablecida y de absoluto sentido común para la convivencia en sociedad, se hubiese partido en la búsqueda de una justificación inapelable de origen divino, pero con el adecuado revestimiento de cutrez al gusto del lugar. Porque no conviene olvidar que matar o robar son intrínsecamente malos porque Yo así lo he decidido arbitrariamente y podrían perfectamente ser buenos si Yo así lo quisiese, por muy inviable que fuese entonces la existencia de sociedades humanas. También acostumbra a apelarse como fuente de moralidad a un libro sagrado escrito por los hombres pero de inspiración divina. En el caso de la Biblia es completamente imprescindible aceptar la interpretación oficial y olvidarse de muchos pasajes inconvenientes del Antiguo Testamento.
Otro aspecto inquietante de la moral humana es el ritmo al que avanza. Si se echa la vista atrás para ver la mentalidad de muchos de los pensadores más avanzados de su tiempo, es fácil darse cuenta de que la moralidad no es estática y que avanza de forma silenciosa pero implacable.
Un ejemplo es el caso del Doctor Down, que ha pasado por dar nombre al síndrome también conocido como mongolismo o idiocia mongólica. Éste, en 1866, clasificó las deficiencias mentales asimilándolas a razas humanas. Sus prejuicios le hacían considerar a la raza caucásica como la cúspide de las razas humanas y, dado que el feto humano se desarrolla siguiendo unas etapas muy parecidas a las del desarrollo evolutivo, consideraba a los deficientes mentales caucásicos como sujetos cuyo desarrollo embrionario estaba inacabado y se había detenido en alguna etapa anterior que correspondía con razas humanas inferiores. A aquellos que padecían la común trisomía 21, los denominó como "idiotas mongólicos" porque, según él, se asimilaban a ese grupo étnico. Lo más curioso es que, lo que hoy es visto como un racismo manifiesto, en su época estuvo muy mal visto entre la comunidad científica por su atrevimiento, ya que suponía aceptar a las "razas inferiores" como miembros de la especie humana.
El mismo Abraham Licoln, auténtico paradigma de la lucha contra el racismo por haber abolido la esclavitud en Estados Unidos pronunció en 1858 éstas palabras en un debate con Stephen A. Douglas:

"Diré, entonces, que no estoy y nunca he estado a favor de ninguna forma de igualdad social y política entre razas blancas y negra; que no estoy y nunca he estado a favor de votantes o jueces negros ni de cualificarlos para que ocupen cargos ni para que contraigan matrimonios con personas blancas; y diré, en adición a esto, que hay una diferencia física entre las razas blanca y negra que creo prohibirá para siempre que esas dos razas vivan juntas en términos de igualdad social y política. Y hasta donde no pueden vivir de esa forma, mientras permanezcan juntos, debe existir la posición de superior e inferior, y como cualquier otro hombre estoy a favor de la posición superior asignada a la raza blanca".

Paul Broca, profesor de de la facultad de cirugía de la Facultad de Medicina de París y prestigioso neuroanatomista, era un férreo defensor de la "certidumbre científica de la inferioridad de las mujeres", que justificaba sus prejuicios en base al menor peso del cerebro de las mujeres. En 1879 Gustave Le Bon, jefe de su escuela, publicó en la revista antropológica más prestigiosa de Francia:

"Entre las razas más inteligentes, como entre los parisienses, existe un gran número de mujeres cuyo cerebros son de un tamaño más próximo al de los gorilas que al de los cerebros más desarrollados de los varones. Esta inferioridad es tan obvia que nadie puede discutirla siquiera por un momento. Todos los psicólogos que han estudiado la inteligencia de las mujeres reconocen que ellas representan las formas más inferiores de la evolución humana y que están más próximas a los niños y a los salvajes que al hombre adulto civilizado. Sin duda, existen algunas mujeres distinguidas, muy superiores al hombre medio, pero resultan tan excepcionales como el nacimiento de cualquier monstruosidad, como, por ejemplo, un gorila con dos cabezas; por consiguiente, podemos olvidarlas por completo".

En su no muy lejano día esa era la manera de pensar de las mentes más avanzadas de la época y sólo con el avance de la conciencia colectiva que ha producido hasta hoy en día, pueden ser vistas como manifiestamente racistas o machistas. Por desgracia, hay muchos más ejemplos de cómo va avanzando la moralidad con los tiempos y basta mirar los últimos años para apreciar la creciente aceptación social de la homosexualidad y el gran avance experimentado en temas como la protección a la infancia y en los derechos de los animales. El progreso es tal, que hasta los individuos más rezagados de hoy en día están por delante de los más adelantados de hace unos pocos años. Y ese cambio está completamente sincronizado en una especie de "moral colectiva" cuyo avance hay que intentar ocultar por todos los medios porque, evidentemente, no tiene nada que ver con los inmutables dogmas religiosos. De hecho, dicho avance es mucho menor en los países teocráticos y en aquellos de mayor fundamentalismo religioso. Tal avance constituye un serio problema para Mi Iglesia, que ve cómo sus dogmas absolutos cada vez se van quedando desfasados a mayor velocidad, con la consiguiente demanda de la gran masa de creyentes que, aunque no sean capaces de darse cuenta de que el avance de la moralidad es un peligroso indicio de la falsedad de su fe, sí que reconocen tal progreso al reclamar que su Iglesia se adapte a los nuevos tiempos. Pese a que la Iglesia se ha visto obligada muchas veces en la historia a ceder en sus postulados, es necesario que siga mostrándose reticente a aceptar los nuevos valores porque eso siempre es prueba evidente de que es la sociedad y no Yo quien los dicta.
Mientras la población religiosa sufre éstas tensiones, los denostables ateos poseen una moral cuyos principios y avances son comunes a los del resto de la sociedad, pero sin tanto impedimento para adaptarse al progreso de los tiempos. También por éste motivo es necesaria la más absoluta intolerancia contra el ateísmo.
Hay que combatir contra la evidencia de la existencia de una moral innata común al ser humano, que en nada depende de las creencias religiosas. Por suerte, la mayor parte de esa población religiosa sigue teniendo la mente los suficientemente constreñida como para argumentar que a quien carece de creencias religiosas también le faltan los necesarios principios absolutos en los que fundamentar su moral y que sólo pueden provenir de la ley de Dios.

lunes, 6 de abril de 2009

El necesario gusto por la ostentación.

El ser humano posee un gusto innato por la ostentación ante sus semejantes. Aunque dicha tendencia podría parecer reprobable a la luz del mensaje de Mi Iglesia, que predica la humildad y la pobreza, lo cierto es que si se analiza resulta muy efectiva para el sostenimiento y propagación de Mi fe, la única verdadera.
Para aquellos que carecen de la fe incondicional que surge de la desesperación y la miseria, el gusto por el lucimiento en los tradicionales actos sociales en que se han convertido muchos de los ritos y ceremonias católicos, es un poderoso factor que evita en muchos casos que la gente abandonando completamente su religiosidad. Dichos actos, necesariamente cutres, sirven así para que Mis devotos feligreses vistan sus mejores galas con el fin último de exhibirse ante sus semejantes. Es el caso de mucha de la gente que acude regularmente a la Eucaristía, pero también y, sobre todo, del aún mayor número de personas que sólo participan de la vida religiosa en ceremonias tales como bodas, bautizos y comuniones. En dichos actos la familia del o los implicados, lleva la ostentación a las más altas cotas de toda su vida.
Lo mismo podría decirse de muchas procesiones dedicadas bien a pseudodivinidades de ámbito local, bien a festejos tales como la Semana Santa. En éstas últimas, además, es muy ilustrativo ver cómo, en algunas regiones, los miembros de las diferentes cofradías buscan el alarde compitiendo entre sí por medio de la más recargada decoración de sus imágenes. En esa búsqueda de la máxima ostentación posible emplean todo el año y buena parte de sus recursos económicos. Todo ésto acostumbra a combinarse con el enorme fervor religoso que surge de la más ancestral idolatría mal camuflada.
Podría parecer que de ésta manera sólo se reduce la fe a una mera excusa pero lo importante es que por lo menos sirve para que no desaparezca y se evita la pérdida de cabezas del rebaño. Además, si la ostentación fuese inmoral, no sería tan empleada por los miembros de la jerarquía de Mi Santa Iglesia, a los que tanto gusta hacer alarde de su inmenso poder y riqueza, rodeándose de todo tipo de lujos dignos de la más rancia y opulenta aristocracia. Eso no quita para que la ostentación resulte inconveniente para el clero de a pie, que se ve obligado a tratar con la plebe intentando dar ejemplo de austeridad. También hay que reconocer el manifiesto contraste que se produce cuando el Santo Pontífice visita, con todo el lujo que le acompaña, zonas tan pobres como el continente africano, pero es que al pueblo llano también le gusta ver la prosperidad de aquellos que lideran la encomiable labor de difusión de Mi mensaje de amor, igualdad y esperanza, que tanto reconforta sus corazones.

lunes, 30 de marzo de 2009

El imprescindible constreñimiento del pensamiento.

La fe verdadera debe estar basada en unos dogmas de fe. Dichos dogmas, gracias a la inestimable ayuda de la visceral necesidad de Mi existencia y del adocrinamiento temprano, se incrustan en la mente humana constriñéndola de dos formas fundamentales:
1 - Se debe interpretar cualquier tipo de razonamiento buscando hacerlo compatible los dogmas y, siempre que eso no sea posible por mucho que se fuerce dicha interpretación, que es mucho más a menudo de lo deseable, se deben descartar completamente tales razonamientos.
2- Se adopta, entonces, el proceso inverso que nunca falla. Se parte de los dogmas de fe como premisas fundamentales y en calidad de verdad revelada, renunciando completamente a cualquier tipo de entendimiento, para elaborar nuevos razonamientos y conclusiones basados en dicha verdad.
Los dos tipos de razonamiento religioso logran un magnífico constreñimiento pero es, si cabe, más aborregante el segundo, consiguiendo la máxima limitación mental. Un ejemplo del primer tipo de razonamiento limitado es el empecinamiento en hacer compatible la teoría de la evolución con la religión mediante ese engendro denominado evolución teísta, así como todos los intentos de crear murallas alrededor de la ciencia para salvaguardar la religión. Ejemplo típico del segundo serían la forma en la que responden mis más devotos feligreses a la acusación de politeísmo a una religión como la Mía, con 3 dioses en 1, una deidad maléfica (el Diablo), infinidad semidioses como los santos y la omnipresente presencia de la Virgen con todas sus infinitas y pintorescamente cutres advocaciones. Lo correcto sería decir simplemente que el Evangelio dice que Mi religión es Monoteísta y que el que hace tales afirmaciones no lo conoce. Y así de sencillo, partiendo de la premisa de que la Biblia es el auténtico referente de Mi verdad, se evitaría cualquier razonamiento incómodo. En defensa de las mencionadas advocaciones marianas se diría el único argumento conocido, que por muy vacío que resulte, es dogma de fe: sólo existe una Virgen con múltiples manifestaciones objeto de culto. Es el método preferido también por los creacionistas y su defensa de Mi infinito genio creador. Frente a cualquiera capaz de hacer un razonamiento contraproducente también se puede argüir que es el Maligno quien le origina tales pensamientos o que es necesario rezarme para recuperar la fe y que Yo existo aunque no se crea en Mí (ni existan otras pruebas de Mi existencia que no sea éste blog). Maravillosamente fácil y rápido, aunque absurdo y digno de un auténtico borrego, pero lo bueno es que eso nunca es un problema para quien tiene su pensamiento limitado por la fe y se muestra solícito a dejarse pastorear. Los mismos tipos de argumentos inconsistentes se darían ante todas y cada uno de los absurdos e incoherencias de Mi religión, siendo siempre fundamental hacer buen uso del máximo oscurantismo posible y refugiándose en el misterio divino, otro dogma de fe, siempre que fuese necesario, para eludir el acoso de la razón. Pese a resultar evidentemene inútil ante quien no cree en el libro sagrado de uno, el hacer mención de algunos pasajes bíblicos en una discusión, hace al sujeto de pensamiento limitado creerse en posesión de la verdad y eleva su moral. Eso es así porque quien tiene su cerebro colonizado por la docrina religiosa, es incapaz de darse cuenta de que eso no tiene el más mínimo efecto en quien carece de tales limitaciones mentales. También es muy frecuente el uso de divagaciones en base a extrañas sensaciones en las vísceras que se interpretan, por supuesto, como provocadas por Mí, en cuanto que recurrente hipótesis a la que siempre hay que dar prioridad. Otro gran logro del constreñimiento mental logrado es que hace muy difícil al individuo entender conceptos tan sencillos como el laicismo, haciéndolo aparecer en su mente solamente como una amenaza para la única fe verdadera.
Los dogmas de fe son completamente absolutos e inmutables, pero muy a menudo conviene revisarlos y actualizarlos al avance de los nuevos tiempos, aunque no sin mostrar resistencia. Aquel que ose hacer uso de su raciocinio sin su oportuno constreñimiento sufre el inmenso peligro de acabar cuestionándose su fe y, con ello, dejar de alimentar Mi infinita arrogancia, viéndome obligado a castigarle cruelmente o dejarle caer en las garras del malvado Satanás. Y eso que mi bondad es siempre ilimitada...

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