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martes, 5 de abril de 2011

La divina providencia.

En cuanto a único Dios creador de todo lo existente, Yo soy bastante detallista y tengo unos planes muy minuciosos para la vida de cada uno de mis feligreses. A eso se le llama la divina providencia y ellos deben saber acatarla de manera virtuosa. Aunque esa es la definición formal, no conviene olvidar que la sumisa aceptación de Mi voluntad tiene dos aspectos diferenciados en función de lo afortunado de las circunstancias vitales:
- Cuando el individuo goza de una vida privilegiada en comparación con la media de la población, se usa Mi voluntad para justificar tan benévolo destino, mediante la autoconvicción de ser Mi elegido. Así se acallan pensamientos incómodos y posibles remordimientos.
- Ante la adversidad se manifiesta como una poderosa arma de resignación, teniendo la función evidente de buscar consuelo a la desesperada ante los reveses de la vida. Es así como surge la idea de que las desgracias de la vida son en realidad ininteligibles e inescrutables designios de un dios amoroso como Yo, que en el fondo lo hace por el propio bien del individuo. Puede ser un serio obstáculo para el disfrute de la vida en tanto que la devota aceptación de Mi voluntad puede impedir la búsqueda de soluciones, originando indolencia y acallando el problema mientras simplemente se Me piden fuerzas para superarlo. En Mi religión recibe el descriptivo nombre de "resignación cristiana" y, por medio de la exaltación de la alegría del sufrimiento da lugar a las más piadosas formas de masoquismo.


La aceptación de la divina providencia, cuando se asciende al nivel de sociedad, resulta la más eficaz forma de consolidación de las más sangrantes desigualdades sociales. Su función es dar justificación al orden social establecido. La apelación a la voluntad divina consigue el aborregamiento del pueblo, preparándolo para así para ser pastoreado. Por eso la religión siempre ha sido tan utilizada por los poderes fácticos, y en una connivencia con Mi Iglesia de la que ésta sale muy beneficiada, ejerciendo su implacable tutela de las libertades. Si a ésto se une el que la desigualdad social es una admirable generadora de fe, queda claro el inigualable virtuosismo que supone la aceptación de la divina providencia. Es una verdadera pena que todo ésto se pierda con el avance en los derechos sociales y con la peligrosísima profundización en la laicidad del estado.

miércoles, 19 de enero de 2011

Los milagros.

Un milagro, hijos Míos, es un "hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino". Si se analiza esta definición podremos ver que el hecho de no ser explicable depende mucho de la voluntad de buscarle explicación. Esa voluntad es inversamente proporcional a la sinceridad de la fe de quien ha de poner en duda tal fenomenología y es por tanto, completamente reprobable, por abandonar el sujeto el sublime estado borreguil del creyente ejemplar. También es evidente que con esta piadosa definición se invierte la carga de la prueba, algo que satisface a la escasa sed de raciocinio de la mente religiosa y que actúa a forma de obstáculo para aquellas gentes escépticas e infieles, siempre sometidas al desorientador racionalismo. Cuando se ha utilizado así, una vez más, la ignorancia como argumento central en favor de las creencias religiosas, se puede adjudicar el fenómeno en cuestión a la explicación ansiada, consistente en la intervención divina, sin necesidad, por supuesto, de buscar ninguna prueba vinculante. Los milagros son auténticos siempre que sean atribuidos a cualquiera de las ingente cantidad de deídades de Mi religión monoteísta pero nunca para el caso del resto de falsas y mitológicas religiones. Porque, aunque sus características objetivas sean indistinguibles, es bien conocido por los verdaderos creyentes que su fe verdadera, profesada por Mí, les hará aparecer ante sus ojos fácilmente como creencias fraudulentas, supersticiosas y Absurdas. Eso suponiendo tales fenómenos inexplicados hayan llegado a existir alguna vez y no resulten un mero producto de la irrefrenable imaginación humana al servicio de su necesidad de creer.


Los milagros han de ser también, en tanto y cuanto que fenómenos extraordinarios, sumamente infrecuentes, y precisamente por eso pueden ser un simple producto del azar. Pero es aquí cuando Yo, vuestra pedagógica deidad he de aclaraos algo. Cuando algo tan improbable ocurre con connotaciones negativas es cuando ha catalogarse como una azarosa desgracia en la que nunca se ha de responsabilizar a una deidad tan bondadosa como Yo. Es, sin embargo, cuando tiene consecuencias positivas, cuando sí merece llamarse milagro, hijos Míos y darse a conocer. Así, si un piadoso creyente experimenta una inexplicable curación después de dedicar sus oraciones al santo o virgen de turno, eso es un milagro. Si padece un súbito empeoramiento igual de inexplicable eso es fruto del azar y de la desgracia. Lo importante por el bien de la fe es que, en ningún caso, ha de intentar averiguarse si la frecuencia estadística de un suceso es diferente de la existente sin fe ni rezos de por medio o de la resultante con la invocación de falsas deidades. En cualquier caso, es sumamente importante para la difusión y el prestigio de los milagros buscados insistentemente, el hecho de que sólo sean noticia los contadísimos casos en los que se obtiene algún resultado positivo,  precisamente por lo muy anecdótico del asunto, y nunca la abrumadora mayoría de fracasos.
Resulta una conclusión obvia con esta definición, que cuanto más precario es el conocimiento humano más fenómenos quedan inexplicados para poder ser libremente calificados como milagros, a la vez que los superpoderes utilizados son cada vez más sutiles y menos espectaculares. Ya no se hacen esos grandes alardes públicos de magia en los que se multiplicaban panes y peces, se detenía al Sol en el firmamentod, se resucitaban tanto a gallináceas como a personas, se sometía a bestias a la fe o se levitaba. De hecho, podría parecer que, son cada vez más infrecuentes a causa del avance de la ciencia. Pero eso nunca debe confundir a Mi feligresía, plenamente conocedora de que tal descenso tanto en cantidad como en calidad en los milagros con los tiempos se justifican simplemente en base a Mi  proverbial y creciente indolencia.

viernes, 6 de agosto de 2010

Trágico bautismo.

Recientemente se ha dado a conocer la noticia de un sacerdote moldavo que ahogó a un bebé durante el bautismo:



Sólo aquellos que no se toman completamente en serio su fe, albergando ciertas dudas injustificadas sobre su veracidad, pueden caer en la tentación de verlo como una negligencia del sacerdote y como una cruel tragedia, que los más ateos podrían llegar a catalogar incluso de Absurda. Esa interpretación sería correcta en el caso de que se hubiese tratado de una ceremonia iniciática de una religión falsa e idólatra, pero no, hijos Míos, se trata de la Mía, cuya veracidad se sustenta enteramente en Mi palabra, manifestada por medio de este blog. Asumiendo Mi papel de deidad intervencionista Me veo en la obligación de guiar las mentes de Mi piadoso y servil rebaño ante hechos como los acaecidos, siempre, claro está, con la inestimable ayuda de la luz de la fe.
- Es un accidente por tratarse de un hecho sumamente infrecuente. Todos los años se realizan cientos de miles de bautizos sin que ocurra ninguna tragedia semejante. Eso sí, cuando algo sumamente infrecuente con consecuencias consideradas como positivas ocurre en circunstancias y entornos similares de proximidad a lo sagrado, a eso se le considera intercesión divina y se le denomina milagro.
- En ese ritual, el tierno bebé pudo disfrutar del enorme privilegio de ser iniciado en la única religión verdadera , la que da sentido a la vida humana y la llena de amor y esperanza. El bautismo es el primer paso para iniciar el adocrinamiento de la tierna mente infantil, tan escasa de capacidad crítica y tan proclive a creer en todo tipo de criaturas mágicas.
- Si un dios tan sumamente bondadoso, como es Mi caso, consiente este tipo de acontecimientos, ¿quién es el ser humano para judgarlos con su limitada capacidad para entender los asuntos divinos?. ¿No son acaso Mis designios inescrutables?, ¿no soy Yo el azote del Mal?.
- Es indignante que el sacerdote fuese detenido por la policía. Tan sólo se limitó a cumplir son su sagrada misión de iniciar a nuevos miembros en la fe de Cristo, para que ésta pueda seguir propagándose. Esto es lo que ocurre cuando el poder civil no está sometido a la ley de Dios, única guía moral válida.
- Puede que el bebé muriese durante el bautismo, pero en cualquier caso lo hizo en la gracia de Dios, de la que podrá disfrutar gozosamente por el resto de la eternidad. No puede decirse lo mismo de todo el mundo y hay muchos casos de personas que llevan una vida mucho más larga y, sin embargo, completamente vana y estéril. Les da por sobrevalorar la razón, anteponiéndola a la fe, la cual acaban abandonado, y se condenan ellos mismos al fuego justiciero del Infierno. ¿Acaso debería ese bebé envidiar la posibilidad de haber podido llevar la vida completa de alguien que ha relegado su fe?. ¿Acaso no son despreciables unas decenas de años de vida mortal comparadas con la inagotable vida eterna?.
- Esta criatura ha tenido el enorme privilegio de morir antes de poder vivir lo suficiente como para ocasionarme la ofensa que supone la vida llena de pecado a la que se ven avocados los seres humanos como consecuencia de su libre albedrío.
Es evidente que solo aquellos que carezcan de las certezas que proporciona la fe en Mí pueden ver este hecho como una desgracia y sentir compasión por el bebé fallecido y por sus progenitores. Porque como bien dijo el propio sacerdote con gran profesionalidad y desatendiéndose de la situación, el niño “ahora se encuentra con Dios”. A lo que Yo debo añadir: "e iniciado en la única religión verdadera y con una vida libre de pecado".

martes, 20 de julio de 2010

El innato impulso de divinizar cualquier cosa.

La irrefrenable tendencia humana de crear deidades para satisfacer su necesidad de creer en seres superiores y mágicos que le otorguen la tan ansiada transcendencia, tiene como consecuencia el que muchas veces se acabe divinizando cualquier cosa, por ridícula que pueda resultar. Se observa así, una poderosa tendencia por crear divinidades cercanas y cutres.
Un magnífico ejemplo de cómo surge una religión de la nada y se expande a sorprendente velocidad, es el caso de los cultos cargo del Pacífico Sur. En una época tan reciente como el siglo XX, los nativos observaban con asombro cómo los hombres blancos gozaban de grandes riquezas sin necesidad de trabajar. El asombro producido al ver tan "mágicos" artilugios como los que poseían, que no era fabricado ni reparado por ellos llevó a que en la isla de Tanna se extendiese como la póvora el culto a un tal John Frum, al que consideraron un auténtico dios que había profetizado el Apocalipsis, y cuyo mesiánico retorno esperaban en una nave metálica cargada de regalos en compañía de sus antepasados, para vivir sin trabajar en un paraíso libre de colonizadores ingleses.  Se creó toda una religión alrededor de dicho personaje, de cuya existencia no hay ninguna prueba. Como John Frum profetizó una segunda venida cargado de monedas de nuevo cuño, la gente de la isla se dedicó a gastar las monedas de los colonizadores y dejó de trabajar, hundiéndose la economía local. Llegaron a crear una pista de aterrizaje para esperar su llegada, con torres de control de bambú dotadas de imitaciones en madera de orejeras con teléfono y falsos aviones a modo de señuelo. Los sacerdotes de ésta religión aseguraban hablar con su dios John por radio. El nuevo advenimiento aún no se ha producido. El proceso se repitió con la deificación de Felipe de Edimburgo tras su visita junto con la Reina de Inglaterra en 1974. Todos los 15 de Febrero se celebra el "John Frum day".


Otro ejemplo más macabro es el de la "santa muerte", figura de culto entre delincuentes y narcotraficantes mejicanos, surgida por un proceso sincrético entre diferentes deidades tanto prehispánicas, como procedentes de Mi propia religión monoteísta.



Un culto que comparte ciertas similitudes es el de los "malandros" en Venezuela. En este caso se rinde culto directamente a delincuentes fallecidos con la esperanza de obtener su protección. El culto comenzó adorando a un malandro llamado Ismael y es otra evidencia de lo fácilmente que las creencias religiosas, en cuanto que creencias irracionales fundamentadas únicamente en la facilidad humana para creer en lo sobrenatural, surgen y se hibridan y se escinden de los existentes para dar lugar a nuevos objetos de culto, de forma completamente irracional. 

 
En el cerro Rico,  situado en Potosí, Bolivia, se le rinde culto a una figura de unos 70 cm a la que se ha bautizado con el nombre de "el Tío". Este tiene su origen en una representación del Diablo colocada por los españoles para "vigilar" el trabajo de los incas. Ellos, comenzaron a ofrecerle ofrendas para buscar su protección y le agregaron un gran falo. Aseguran que es él quien manda bajo tierra.



Éste proceso de crear "becerros de oro" a los que poder adorar ha sido repetido infinidad de veces a lo largo de la historia humana y ha desembocado en el innumerable número de dioses existentes, con la única excepción de Mi religión, por supuesto, basada en los sólidos fundamentos de Mi revelación. También tengo que remarcar que, tanto las múltiples escisiones surgidas en Mi religión desde Mi versión Dios 1.0., como el surgimiento del culto a tantas advocaciones marianas y a tantos santos, así como a todo tipo de reliquias no tiene nada que ver con el asunto tratado. Éstos cultos demuestran la facilidad para crear deidades mediante la fe en cualquier cosa, por Absurda que puedan resultar, mezclando al gusto del consumidor en muchos casos todo tipo de creencias sobrenaturales, en un sincretismo recurrente que evidencia ser un mero subproducto de la imaginación al servicio de las necesidades humanas. Estas manifestaciones religiosas pueden parecer Absurdas y cutres pero, hijos Míos, eso es lo que subyace en la fe que necesita toda religión, siempre al servicio de la necesidad de creer por creer, incluyendo a la única verdadera que es la fundada sobre Mi verdad, que queda demostrada gracias a este divino blog.

martes, 6 de julio de 2010

El Espíritu Santo.

El Espíritu Santo es la figura más misteriosa y exótica del trío de dioses que forman Mi religión monoteísta. Es famoso por haber dejado embarazada a la Vírgen María en una relación que, aunque zoofílica, resultó excepcionalmente pulcra e inmaculada. Pero, al margen de eso, nadie sabe muy bien qué pinta tan soberbio palomo entre el elenco de dioses de Mi religión. Se trata de una figura vaga y auxiliar que se utiliza de forma un tanto caprichosa. Aunque la figura del Espíritu Santo parezca un puro regodeo en la credulidad del rebaño y que resulte completamente incomprensible y Absurda, además de completamente prescindible en Mi religión no es así, hijos Míos. Sin Él una religión monoteísta como la Mía se quedaría escaso de deidades. Por otro lado también es una figura necesaria para incrementar la cutrez transcendente que tanta devoción origina.
Eso no quita para que, por ser Mi estimado pichón tan fácilmente ridiculizable, Me decidiese a crear un pecado específico para atemorizar a todo aquel que tuviese la fácil tentación de hacer burla de Mi tan piadosa y mágica avecilla. El pecado imperdonable es aquel que, según la Biblia, se comete en contra del Espíritu Santo.

Por eso, os digo, todo pecado y toda blasfemia será perdonada a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu Santo, no será perdonada. Y si alguno habla contra el Hijo del Hombre, esto le será perdonado; pero al que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado ni en este siglo ni en el venidero.
En verdad, os digo, todos los pecados serán perdonados a los hombres, y cuantas blasfemias dijeren; pero quien blasfemare contra el Espíritu Santo, no tendrá jamás perdón y es reo de eterno pecado.
A cualquiera que hable mal contra el Hijo del Hombre, le será perdonado, pero a quien blasfemare contra el Santo Espíritu, no le será perdonado.

Quiero recordar que es el Espíritu Santo el que inspiró la redacción mitológica al servicio de la fe de las Sagradas Escrituras, así como su correcta interpretación subjetiva y colabora en las decisiones de los sumos pontífices desde los comienzos de Mi Iglesia, asegurándose de que sus dogmas y preceptos sirvan de sólido e inamovible referente al ser humano, por muchos cambios y bandazos que hayan dado y sigan dando estas verdades absolutas como consecuencia de lo inescrutable de Mis designios.
Para aumentar el prestigio de tan misteriosa criatura, a la vez que intentar paliar la gran incomprensión  y el desconocimiento que le caracterizan os quiero obsequiar con una imagen actualizada en la que se la puede ver tal y como es en su día a día.


Como puede verse en la imagen derrocha gracia santificante además de otras sustancias más viscosas. El animalito tiene fijación por hacer sus deposiciones en la estatua del hereje Charles Darwin, cosa que por otra parte es muy de comprender y alabar.
Por mucho que os cueste, dicha deidad columbiforme debe ser tan respetada y honrada como Yo Mismo, hijos Míos. Ahora podeís dirigirle vuestras suplicantes plegarias con mayor devoción si cabe.

viernes, 30 de abril de 2010

La existencia del Mal.

El hecho de que, siendo Yo tan sumamente bondadoso, permita la existencia del Mal es una de las grandes contradicciones de Mi religión. Para justificarlo se utilizan todo tipo de pintorescos razonamientos que van desde descargar responsabilidades en el Malvado Satanás hasta basarse en el libre albedrío. El problema es que por mucho que se maree la perdiz y se le den vueltas para despistar, si Yo soy Todopoderoso, Omnisciente y Creador de todo lo existente, el Mal ha de ser obra Mía por acción y omisión. Sin embargo, no está mal el desesperado intento de Mis devotos creyentes por escurrir el bulto, y otro ejemplo en esa línea del tipo de lógica difusa, efectista e insostenible que constantemente se usa en la defensa de la fe es este que enlazó en este Sagrado Blog un ejemplar miembro de Mi ovino rebaño, en forma de leyenda:


En él se utiliza una bonita parábola en la que se equipara el Mal al frío y a la oscuridad. De esa forma, el frío no existe sino que es una ausencia de calor, lo mismo que la oscuridad es solamente ausencia de luz. Definido en esos términos, el Mal sería la ausencia de Bien. Ciertamente los términos frío y oscuridad son sólo definiciones utilizadas por el hombre para referirse a las ausencias de luz y de calor. Es una verdadera pena que el Bien no pueda medirse como sí puede hacerse empíricamente la luz y el calor, con lo que nada impide que, de la misma manera, pueda interpretarse el Bien como ausencia de Mal. En cualquier caso, lo bueno, es que no hace falta que los argumentos resistan un análisis racional porque, queridos hijos Míos, la necesidad de creer hace que cualquier Absurdo razonamiento sirva para aplacar las inquietudes mentales. Como ejemplo utililizaré otra parábola igualmente redundante en el Absurdo:

Alguien está en su casa por la noche y, de repente, un apagón le deja sin electricidad. Llama a su compañía eléctrica y le dice que qué ocurre en el suministro para que él se haya quedado a oscuras y tiritando de frío por no tener calefacción. La respuesta que recibe es que no se preocupe que ni la oscuridad ni el frío existen. El usuario, por supuesto, se queda mucho más tranquilo. No se lo toma mal porque el Mal tampoco existe.


Lo cierto es que, querida feligresía, se le dé el nombre que se dé, Yo Bien podría en Mi omnipotencia no haber creado la ausencia de Bien. Lo que ocurre es que Mis designios son inescrutables, Mi indolencia proverbial y Mi sadismo insaciable. Y, si bien, Mi existencia no depende de que Yo sea bueno o malo, la verdad es que sí lo hace la fe en Mí, puesto que la gente necesita creer en un Dios bondadoso. Y Yo no sería nadie sin Mis masas de devotos y serviles feligreses buscando satisfacer Mi insaciable arrogancia.
Por otro lado, Me parece inadmisible que en el artículo citado se Me ningunee diciendo que Yo no creé la ausencia de Bien. Todo el mundo sabe que Yo soy El Creador de todo lo existente, incluyendo este iluminador blog que se constituye en verdadera y única prueba empírica de Mi propia existencia.

martes, 27 de abril de 2010

Mis inescrutables designios.

Es bien conocido, queridos fieles, lo inescrutable de Mis designios. Se recurre a este concepto cuando a un hecho, que supuestamente es responsabilidad Mía, no es posible encontrarle una interpretación que resulte conveniente para los intereses de la fe. Al igual que el Misterio Divino, es un maravilloso comodín al que recurrir en última instancia para justificar los Absurdos y contradicciones de Mis actos, y con ello de Mi religión. Es un último recurso al que se recurre constantemente, lo cual solo se justifica por la total falta de soporte racional de la fe, que tan solo se basa en la necesidad de creer. Se utiliza constantemente ante cualquier evento que ponga en evidencia tanto a Mi suprema bondad, como a Mi omnipotencia, como a Mi olvidadiza omnisciencia. 


Por supuesto, queridos fieles, que los designios divinos son inescrutables. No podría ser de otra forma puesto que Mi divina condición conlleva inevitablemente implícita una infinita arbitrariedad, en la que se fundamentan las verdades y principios morales absolutos que permiten a Mis creyentes escapar del horrible vacío de relativismo de los ateos.

lunes, 8 de marzo de 2010

El pecado.

El pecado es la ofensa a Mí y a Mis leyes y preceptos arbitrariamente dictados. Mi rebaño de creyentes debe obrar conforme a Mis reglas, en tanto y cuanto que soy Yo quien decide lo que está bien o mal y , por ejemplo, asesinar a niños indefensos sería buenísimo si Yo así lo decidiese (como de hecho lo he hecho en alguna ocasión) y puedo cambiar de opinión siempre que Me parezca. El ser humano deberá considerar como bueno lo que Yo decida, pues sólo así pueden establecerse unos principios morales válidos. Ésta es la única forma de no caer en el relativismo moral ateo. Pese que Yo otorgué libre albedrío al ser humano para llevarme la contraria, no está nada bien hacerlo y se denomina pecado. El pecado puede ser de obra o de pensamiento, que Yo todo lo sé y no perdono ciertos pensamientos.
Dentro del apasionante mundo del pecado está el muy Absurdo Pecado Original que es ese que se viene de serie al nacer. Se hereda de los ancestros igual que una enfermedad genética, sólo que de dicho pecado no se libra ni Dios. Bueno, Yo sí y la Virgen también, pero nadie más. También están los pecados capitales, todos ellos producto del vicio. Los siete tradicionales son: la gula, la pereza, la lujuria, la soberbia,  la avaricia, la envidia, y la ira. Por suerte esos pecados no son aplicables a Mí, debido a Mi privilegiada condición, ya que, sobre todo en Mi versión 1.0. , la del Antiguo testamento, en donde se hace gala de una incestuosa lujuria, también se manifiesta Mi caracer sumamente envidioso, soberbio e iracundo. A eso hay que añadir Mi acostumbrada pereza que fue la responsable de que Me costase tanto tiempo crear y manifestarme a los seres humanos, así como la avaricia de Mi Santa Iglesia. A éstos siete, dicha institución ha añadido en su reciente actualización las manipulaciones genéticas y la experimentación con embriones humanos, así como el enriquecimiento hasta límites obscenos a expensas del bien común. Para solventar tan desproporcionado enriquecimiento lo mejor es donar el dinero a Mi Santa Iglesia que siempre está muy necesitada.


Los demás pecados se dividen en veniales y mortales. 
- Los veniales son pecadillos de segunda, de poca importancia cometidos casi sin querer. No priva al alma de su gracia santificante pero disminuye el lustre de su virtud. Pueden ser remitidos con la oración, la contrición, la comunión ferviente y otras obras pías. Sin embargo, es laudable su confesión. Los difuntos han de pasar por el Purgatorio al modo de trámite burocrático para la purificación de sus pecados veniales, antes de ingresar en el Cielo.
- Los mortales consisten en la violación con pleno conocimiento y deliberado consentimiento de Mis mandamientos en una materia grave. Es una aversión por Mí y condena al pecador a una horrible y justiciera condenación. En esta categoría se encontraría el ateísmo deliberado de aquellos que se han revelado contra su adoctrinamiento infantil. También se encontrarían el secuestro, el asesinato, el incesto, el atraco, la promiscuidad, el adulterio, la sodomía, no ir a la Eucaristía los domingos, la violación o el suicidio, entre otros. Eso, por mucho que en el Antiguo Testamento se haga, nuevamente, frecuente apología de muchos de ellos. Para redimirse hay que someterse al sacramento de la penitencia, o bien ser perdonado por alguien que se haya sometido a tan masoquista ritual. Con eso se da por satisfecha Mi sádica condición.

Espero que con esta entrada Mi feligresía se aleje más del pecado y de la vengativa e infernal condenación  con la que lo castigo Yo vuestro Dios, el bien en estado puro.

jueves, 4 de marzo de 2010

Mi aguda y penetrante mirada.

Hoy quiero traeros la representación más fidedigna de Mi escrutador ojo divino, ese que todo lo ve. Es gracias a Mi aguda, atenta y penetrante mirada como controlo y superviso Mi maravillosa creación, siempre vigilante, encargándome constantemente de cuidar de ella y de proteger a Mis devotas criaturas. Puede que acostumbre a mostrarme indolente, a estar ausente a demostrar Mi sádica condición y que Mi omnisciencia sea un tanto olvidadiza pero ahí estoy hijos Míos, siempre tan infinitamente bondadoso.

 

Puede que parezca un simple plagio del ojo de Horus pero debéis creerme si os digo que nada tiene que ver. Es simplemente una representación de la Santísima Trinidad, ese magnífico trío de dioses que abarrota Mi religión monoteísta. Adoradme, querida feligresía, a ese vuestro Dios de atenta y limpia mirada, esa que solo puede pertenecerme a Mí, el único dios verdadero.

Advertencia: Quien ose sugerir el consumo por Mi parte de ciertas sustancias estupefacientes verá descargar sobre él Mi más implacable ira.

sábado, 27 de febrero de 2010

El libre acatamiento de Mi omnipotente voluntad.

Yo, con mi proverbial omnipotencia, tras una insulsa, indolente e infinitamente vacía y larga existencia, decidí crear el mundo de forma completamente arbitraria. Fue así que Me dio por dotar al ser humano de libre albedrío. Por otro lado, éste debe creer en Mí y adorarme, acatando en todo momento Mi sabia voluntad. El problema surge para entender cómo la especie humana puede ejercer su libertad respetando Mi voluntad. ¿Cómo deben Mis devotos borregos saber cuándo han de tomar sus propias decisiones y cuándo han de cruzarse de brazos esperando el cumplimiento de la divina providencia?. Ese es un tema delicado que conviene rebozar con todo el oscurantismo posible para evitar que una contradicción tan evidente dañe la fe. Se puede construir un complejo entramado para despistar como decir que la libertad humana no es algo absoluto y que aún siendo limitada es libertad al fin y al cabo, filosofando de manera enmarañada hasta acabar dando argumentos vacíos y maravillosamente Absurdos acerca de ésto, con lo que se consigue evitar el verdadero problema de fondo que no es la libertad humana, que sí puede ser limitada, sino la Mía, que no puede serlo. La existencia de libre albedrío supone la existencia de aspectos de la vida humana en los que Yo no tengo poder de decisión y eso es contraproducente a la hora de alardear de omnipotencia y de omnisciencia. Sin ésta también se vería muy dañada Mi reputación como la causa primera y dejaría Mi existencia de ser "el gran comodín del pensamiento". Llegados a éste punto la solución chapucera es decir que soy Yo, libremente, quien decido limitar Mi omnipotencia. Lo cierto es que, sea cual sea la causa, una omnipotencia limitada suena un poco chungo. Pero por otro lado sería poco omnipotente no poder limitarse a uno mismo. Además si en todo este asunto mezclamos mi presunción de bondad, se llega a tal profundización en el completo Absurdo de Mi existencia, que es perentoria la necesidad de refugiarse en el recurso del Misterio Divino.

Reconozco la dificultad en diferenciar entre aquello que acontece en la vida de Mis crédulas criaturas como consecuencia de sus actos y aquello que les ocurre a causa de Mi caprichosa voluntad. La interpretación no puede sino ser completamente arbitraria y subjetiva, realizándose siempre a conveniencia, de forma que se favorezcan los intereses de Mi fe y de Mi Santa e Hipócrita Iglesia. Así es como debe ser el funcionamiento de una fe basada en verdades inmutables y absolutas.
Lo que ha de quedar completamente claro es que Mis queridos borregos han de tener la virtud suficiente como para acatar libre y servilmente Mi arbitraria voluntad con resignación cristiana, por muchos padecimientos que Yo les haga pasar de manera siempre arbitraria y antojadiza.

jueves, 11 de febrero de 2010

El sacramento de la oración.

La oración representa, hijos Míos, una de las más importantes partes de una religión. Hasta que no creé este blog suponía la única forma del del creyente de comunicarse directamente conmigo con el fin de rendirme suplicante pleitesía. Dada Mi sublime condición de ser bondadoso, omnipotente, omnisciente y omnipresente, el hecho de esperar a que se Me pidan las cosas en oración para darme por enterado puede ser un tanto desconcertante. También lo puede ser el que Mis actos libres y todopoderosos se vean influenciados por tales peticiones de Mis mortales creyentes.Un malvado ateo podría argumentar que la oración es una evidencia de que las divinidades han sido creadas por la mente humana para dar respuesta a sus necesidades. Que no es sino una peculiar manifestación supersticiosa que se basa en la necesidad humana de crearse una ilusión de falso control sobre partes de su vida o de la de otras personas sobre las que nada pueden hacer. Ésto se ve acrecentado sobremanera en situaciones de desesperación e impotencia. También responde a un recurrente gusto por los rituales y a otra necesidad, consecuencia de la visceral necesidad de Mi existencia, como es la de sentirse protegidos y escuchados por una divinidad cercana con atributos muy humanos, por muy irracional y contradictorio que esto pueda ser. Dicha necesidades fomentan también la aparición de otras figuras más mundanas como santos y vírgenes a las que también poder orar con más confianza. La oración debe ser inculcada cuanto antes a los niños para asegurarse de que se hacen adeptos a Mi religión.
El hecho mismo de ansiar y exigir el que Mis feligreses se postren servilmente ante Mí puede resultar un tanto Absurdo y cutre para alguien de tan suprema condición como la Mía, que ha llevado una existencia infinita antes de crear a criaturas tan pedigüeñas y necesitadas de Mí. Pero lo cierto, querida feligresía, es que más infinita que Mi existencia es Mi arbitraria arrogancia y eso justifica tanta exigencia y demanda de plegarias por Mi parte. La oración tiene más valor cuanto más sufrimiento se experimente durante el acto. Por eso valoro tanto cuando se Me reza de rodillas o cualquier otra postura que demuestre una penosa humillación ante Mí, cuanto más mejor.
¡Oradme hijos Míos servilmente postrados ante Mí!. Sólo así puede que Me digne a acordarme de vosotros.

lunes, 8 de febrero de 2010

Mi maravillosa creación.

A menudo acostumbra a argumentarse, como prueba de Mi existencia, lo maravillosa que resulta Mi creación. Se utilizan argumentos del tipo de la grandiosidad de un paraje natural, el colorido de una mariposa o la belleza y fragancia de una flor para decir que no son sino evidencias ante los ojos humanos de la mano de un sublime creador. Resulta muy efectista y tengo que alabar el resultado que ésta forma de argumentación ha obtenido históricamente.


Sin embargo, como acostumbra a ocurrir con cada uno de los fundamentos religiosos, no conviene profundizar en dicho razonamiento porque enseguida se demuestra como inconsistente. Sí que es cierto que hay preciosos valles, pero por los que en ocasiones pueden discurrir desastrosas riadas. Sí que puede resultar sumamente bella una mariposa, pero su formas larvales pueden ser despiadadas plagas de los cultivos. Sí que una flor puede ser vistosa y fragante, pero no impidiendo eso que pueda ser también sumamente venenosa.
Por eso querida feligresía, para utilizar éste argumento en defensa de Mi existencia hay que olvidar también existen los cataclismos naturales, las plagas devastadoras, las pandemias y los parásitos. Porque también son producto de Mi maravillosa creación los virus, las enfermedades bacterianas, las chinches, las tenias, las garrapatas y los protozoos de la malaria que matan a 3 millones de personas al año. Hay que reconocer que un niño que está quedándose ciego porque un gusano diseñado por Mí como Onchocerca volvulus está devorándole por dentro el nervio ocular, tiene más dificultades para ver como una evidencia ante sus ojos, lo maravilloso de Mi creción. En casos como éste se pierde el chispeante efecto de alegar a la grandiosidad de la naturaleza como prueba de Mi existencia. Y sin embargo existo, hijos Míos, y eso no hace sino confirmar nuevamente lo sádico de Mi condición.


Hacéis bien, queridos creyentes, en seguir utilizando siempre que os sea posible este vacío y Absurdo argumento. Es alentador cómo os lo llegáis a creer vosotros mismos y, en vuestra inigualable capacidad mental para obviar las evidencias en contra de la religión, podéis llegar a convertir a un plátano en el azote del ateísmo y en la prueba definitiva de Mi existencia.

lunes, 1 de febrero de 2010

El sacrosanto Absurdo.

Querida feligresía, esta es la definición de la RAE para el término absurdo:

absurdo
, da.
(Del lat. absurdus).
1. adj. Contrario y opuesto a la razón; que no tiene sentido. U. t. c. s.
2. adj. Extravagante, irregular.
3. adj. Chocante, contradictorio.
4. m. Dicho o hecho irracional, arbitrario o disparatado.


Una vez vista tal definición espero que quede claro a toda Mi feligresía lo mucho que debe la fe religiosa al absurdo, ya que su existencia sería imposible de no asimilarse plenamente dicho concepto. El absurdo está presente en cada uno de los elementos que estructura una religión y, como tal, ha de ser plenamente asumido. Es perdonable intentar renegar de su indispensable labor, pero recordando que todo coqueteo con la razón, por mucho que pueda publicitar, deberá estar debidamente controlado y limitado por una mentalidad religiosa, para evitar al individuo la pérdida de la luz de amor y esperanza que representa su absurda fe en Mí. Mi religión rebosa de fundamentos sin sentido, irracionales, extravagantes, chocantes, contradictorios, disparatados y, como no podía ser de otra forma, completamente arbitrarios.
Dichos fundamentos se justifican entre sí mediante intrincadas redes de absurdos razonamientos que forman un grandioso bucle del absurdo. Es una estructura espectacularmente voluminosa construida mediante absurdas divagaciones sobre cimientos de premisas absurdas y contradictorias. Quien no se deje atrapar por esta red de argumentos absurdos nada sabe de teología, hijos Míos. El problema es que Mis creyentes necesitan mucho espacio donde poder construir sus grandes, absurdas y huecas argumentaciones cuya función no es otra que la de impresionar por su tamaño, y cuando se enfrentan a los denostables ateos, no pueden contar con tanta permisividad irracional como con la que cuentan cuando divagan entre creyentes. Sólo así puede justificarse el caracter monoteísta de una religión, como la Mía, con 3 dioses en 1 y plagada de los más variopintos y mundanos semidioses.
Quiero recordar, querida feligresía, que en auxilio del absurdo hay dos elementos básicos en Mi religión:
- La pretendida separación entre órdenes del conocimiento. De esta forma se separa el conocimiento racional del por Mí revelado y se consigue salvaguardar el absurdo en toda su pureza, así como elevarlo al rango de categoría de fuente válida de conocimiento. Es muy útil para defenderse de la ciencia.
- La culminación del absurdo está representado en Mi religión por el Misterio Divino, que resulta, además la dispartada respuesta comodín ante todas las contradicciones de Mi Iglesia.
Es muy importante recordar que el absurdo inculcado en edades tempranas permite una mayor y menos traumática asimilación por pate del individuo, y le inmuniza ante el posterior desarrollo de la capacidad crítica y de la razón. Es la capacidad del creyente para convivir con el absurdo, lo que le protege de los despropósitos del ateísmo, como queda bien patente en cada argumento utilizado por Mis feligreses en la defensa de su fe.
El absurdo es bueno porque es el único lugar al que no llega la razón. El absurdo tiene que ser bueno porque es lo único que permite la existencia de algo tan bueno como Mi Santa e Hipócrita Iglesia y su fe en Mí. El absurdo es beneficioso para la fe porque, de hecho, de no ser por él la fe no sería necesaria. Por ello quiero, querida feligresía, animaros a que reflexionéis acerca del tema hoy tratado pero, por supuesto, de forma completamente absurda.
¡Alabad hijos Míos al absurdo, porque es lo único que permite que Mi existencia quede públicamente patente en este sagrado blog!.

domingo, 24 de enero de 2010

El hereje Saramago.

Esta es la blasfema entrevista que concedió el premio Nobel José Saramago en radio nacional de España para hablar de su última obra "Caín".



Puede comprobarse en esta entrevista su irreverente actitud y su indecente falta de respeto por lo sagrado. Es inadmisible que se crea capacitado para juzgar en su libro racionalmente Mi muy cruel versión Dios 1.0. en función de lo que aparece escrito en la Biblia. Tiene razón en que Yo sólo Me he dignado en roper Mi ancestral indolencia de forma muy breve para crear un mundo de existencia insignificante corta comparada con la Mía. Su herético comportamiento le hace merecedor de la más horripilante y vengativa condenación. Quiero por ello exhortaos, queridos feligreses, a que, de forma meditada y cabal, hagaís acopio de la suficiente cantidad de amor en vuestros corazones, como para saquear piadosamente las librerías y formar con este libro grandes y purificadoras hogueras con las que poder iluminar el recto camino de la fe a la humanidad. Todo ello con el tan tradicional grito de: ¡¡¡muerte al hereje!!!.

viernes, 15 de enero de 2010

La irrelevancia de la catástrofe de Haití.

El nuevo Obispo de San Sebastián ha realizado unas iluminadoras declaraciones acerca del terremoto recientemente acaecido en Haití:

"Existen males mayores que los que esos pobres de Haití están sufriendo estos días", "También deberíamos llorar por nosotros, por nuestra pobre situación espiritual, por nuestra concepción materialista de vida". "Quizás es un mal más grande el que nosotros estamos padeciendo que el que esos inocentes también están sufriendo".


Con estas declaraciones, el diligente pastor de Mi Iglesia no hace sino separar el polvo de la paja e indicar el recto camino a su rebaño. Porque lo triste, querida feligresía, no es que hayan muerto miles de personas en un terremoto y que el resto de la población tenga que intentar de forma desesperada sobrevivir en la miseria más absoluta. Tampoco lo es que ésta catástrofe venga a sumarse a la producida por las tormentas tropicales y huracanes padecidos en 2008, que han agravado el Infierno en el que dicha población vivía por sus miserables condiciones de pobreza. Lo triste es la existencia de aquellos que viven sin fe en Mí.



Hijos Míos, la muerte sólo es un trámite necesario para lograr el inmenso gozo de vivir la más placentera vida eterna a Mi lado. Eso, claro está, para aquellos que hayan militado en la religión correcta que es la Mía, llevando una existencia virtuosa y sometida a los principios y dogmas de Mi Iglesia. Todos aquellos que hayan optado por otras religiones o hayan adulterado la Mía con ritos mágicos y animistas como el vodú, sólo pueden esperar la más penosa condenación. Dado el inmenso poder que tiene la miseria para producir fe es de esperar que haya una gran proporción de creyentes. Lo malo es que la pobreza, cuanto más profunda, más acostumbra también a generar creencias sobrenaturales aberrantes, y esta nación es especialmente pobre y pródiga en dichas manifestaciones. En cualquier caso, tiene toda la razón Mi servil Obispo, no hay que preocuparse por la existencia de tantas víctimas, ya que Yo Me encargaré de que los que han llevado una vida devota se vean recompensados con el goce eterno de Mi Cielo y los que no con los horrores del Infierno. El que pueda existir una elevada proporción de los últimos debido a la contaminación de su fe, tampoco debe apenar a Mis fieles porque sólo tienen lo que se merecen. Además, las horribles condiciones de la existencia que tendrán que padecer allí seguramente no se les hagan tan insoportables en comparación con las que han tenido que sufrir en vida.
También debo reseñar que si esa nación padece tal acumulación de desgracias no es sino porque esa es Mi Omnipotente y Omnisciente voluntad, siendo una mera prueba más lo sádico de Mi condición. La situación de Haití no es grave porque nada de lo acontecido perjudica los intereses de Mi Iglesia, que tanto provecho sabe sacar de la miseria y la ignorancia para propagar la fe, por muy contaminada que pueda estar en países como este. Se trata de un país con una vida espiritual muy intensa, quizás hasta demasiado por sus pecaminosos devaneos con el malvado Satanás.

Pero si bien es malo tener una espiritualidad tan desbordante y desorientada, más rave y preocupante es no tenerla de ningún tipo. El que el desarrollo y el aumento de la cultura de una sociedad tan tradicionalmente subyugada como la española a Mi Iglesia esté provocando la disminución de su fe y la pérdida del temor por su dios es lo que más debe preocuparnos, queridos fieles. Eso es lo que más pone en peligro la religiosidad y hace disminuir el poder, la influencia y la financiación de Mi Iglesia, dificultando su proverbial labor tutela de las libertades y de pastoreo de la población hacia la incuestionable verdad de amor y esperanza de un dios tan infinitamente bondadoso como Yo, al que tanto le gusta hacer sufrir a sus criaturas por acción u omisión.

jueves, 7 de enero de 2010

El pecado original.

En el siguiente vídeo puede verse a ese ateo malvado llamado Richard Dawkins hablando de un concepto de importancia tan vital para Mi religión como es el del Pecado Original:



Como habéis podido comprobar, querida feligresía, es lamentable que pueda existir la posibilidad de ridiculizar un dogma de fe como es el del pecado original. Lo que todo buen creyente de Mi religión debe hacer para olvidarse de éstos ataques racionalistas es aborregarse aún más y dejarse pastorear servilmente por los pastores de Mi Santa Iglesia.
El pecado original es un pecado de soberbia, hombres y mujeres autosuficientes, independientes, rebeldes a toda norma, orden o mandato, aunque venga del Papa. Para ellos sólo vale lo que ellos opinan, y lo que ellos quieren. No se someten a nadie. Quieren ser como dioses. Ése fue el pecado de Adán y Eva.
Por supuesto que es absolutamente absurdo e incongruente pretender basar un dogma de fe de tanta importancia en Mi religión el episodio bíblico de Adán y Eva y decir al mismo tiempo, para adaptarse al conocimiento científico que evidencia su carácter mitológico, que se se trata de algo meramente simbólico. Pero el problema, como siempre, no está en el absurdo que rezuma a borbotones en todo lo que integra Mi religión y que siempre puede salvarse alegando al Misterio Divino, sino en el hecho de que haya quien haga ilegítimo uso de la razón para desasosegar la plácida existencia que llevan Mis aborregados creyentes, con su ejemplar limitación mental al servicio de la fe. Tan devastadora misión en contra de la fe sólo puede ser llevada a cabo por aquellos que están al servicio del malvado Satanás, por mucho que su existencia esté tan repleta de absurdo como la Mía.
Debo decir también que la cruel tortura a la que sometí a Mi propio hijo de forma completamente arbitraria y caprichosa, para redimir al ser humano un pecado que Yo hice hereditario, responde a Mi consabida condición de sádica bondad, de la que ya Me he dignado a hablar en anteriores entradas de este iluminador blog.
En lo único que puedo dar la razón al execrable ateo Richard Dawkins es en que el concepto de pecado original resultará completa chocante para aquellos que no hayan recibido el suficiente adoctrinamiento, a los que tengo que añadir la no despreciable cantidad de creyentes que se evita a sí mismo el mal trago de conocer el inconsistente entramado que soporta la estructura de esa religión en la que creen por inercia y por simple necesidad de creer.
El pecado original, querida feligresía, es caer en la infinita soberbia de creerse Dios, que sólo puede haber uno y ese, por supuesto, que soy Yo.

lunes, 7 de diciembre de 2009

El derecho de poder seguir imponiendo los crucifijos.

Hoy quiero hablar, querida feligresía, de la necesidad de que el crucifijo continúe siendo un símbolo impuesto en los lugares públicos y centros escolares de los países de tradición cristiana, en contra de las pretensiones de aquellos desalmados que consideran el laicismo como la única forma posible de garantizar una auténtica libertad religiosa. Aunque la posición más práctica que pueden adoptar Mis seguidores es dejar el agua correr, salir por la tangente, fomentar la indolencia mental de las masas y dejar simplemente que se mantenga la situación de privilegio que disfruta Mi religión, diciendo que no es algo que preocupe a la sociedad y que hay cosas más importantes, lo cierto es que eso no quita legitimidad a las reclamaciones laicistas y que puede ser inevitable tener que entrar en una defensa argumentada de las posiciones de la Iglesia de Dios.
En ese caso, animo a Mis devotos feligreses a que sigan utilizando los dos argumentos básicos a los que suele recurrirse en éste asunto que, no por faltos de lógica, han de ser desechados por aquellos mis aborregados feligreses:

- Es una cuestión cultural que se basa en la tradición. Se trata un argumento que se regocija fundamentalmente en la consolidación de una situación de privilegio lograda generaciones atrás, cuando los conceptos de "laicismo" o "libertad religiosa" resultaban inconcebibles. Es cierto que para lograr un avance en las libertades es necesario superar aquellas tradiciones que lo imposibilitan por estar ancladas a un pasado en el que éstas no existían pero, para la gente de bien y de orden, el crucifijo, en tanto y cuanto que símbolo del cristianismo, representa la idea de una indispensable aportación por parte de éste, de los valores morales que caracterizan la cultura occidental. Para hacer semejante afirmación conviene olvidarse de que los pueblos adoradores de falsas religiones también tienen valores morales semejantes, que no son sino reglas básicas de vida en sociedad.

Por desgracia, esta romántica idea que ha ser utilizada para publicitar Mi fe no es compartida por todos y cada vez se ve más cuestionada por culpa del desarrollo de las sociedades y de su culturización. Lo cierto es que dista mucho de ser el símbolo de unión y consenso que nos gustaría. Para los infieles, adoradores del maligno, el crucifijo no tiene connotaciones tan benignas y es el símbolo de una larga tradición de oposición al progreso y de imposición, a cualquier precio, de unos dogmas cada vez más obsoletos, recurriendo, en muchas ocasiones, a métodos sangrientos e inhumanos hasta tiempos muy recientes en países como España.

También representa una implacable búsqueda del poder y la connivencia con los totalitarismos por parte de Mi Santa Iglesia y su obstinación por impedir avances sociales y del conocimiento, pudiendo así mantener intacta su situación de privilegio y continuar con su labor de salvaguarda de la fe. Siglos después de haber derrotado a las perniciosas creencias paganas son estos razonamientos críticos son los nuevos enemigos de Mi fe.
En cualquier caso, y aunque el carácter tradicional pueda tener connotaciones muy diferentes a las que se buscan para defender su continuidad, es conveniente fomentar un razonamiento tan evidentemente circular y autojustificante, ya que el derecho a imponer ese símbolo a las nuevas generaciones en base a la tradición, sirve para consolidar más esa situación y hacerla más "tradicional".
Lo que ningún perverso ateo librepensador podrá negar nunca es que el hecho de imponer el crucifijo durante generaciones es toda una tradición.

- Es una cuestión de mayorías. Se fundamenta en tratar el asunto de una forma “democrática”, es decir, en que la decisión de retirar los crucifijos sea tomada por votación cuando alguien manifieste la disconformidad con su presencia. Es una estrategia que puede resultar a primera vista muy tolerante y razonable, por lo que debe seguir siendo utilizada por Mi feligresía con asiduidad. Lo malo es que, como ocurre siempre que se le pretende dar una base de racionalidad a las posturas religiosas, se queda en un mero baño externo que se elimina muy fácilmente con el más mínimo rascado lógico. Alguien capaz de razonar libremente diría que el respeto a las minorías ha de ser consustancial a una verdadera democracia y que la aconfesionalidad de un estado, decidida democráticamente, implica el que a nadie pueden imponérsele unas determinadas creencias religiosas por muy mayoritarias que puedan ser. Para ello, tanto dichas creencias como sus símbolos, deben circunscribirse al ámbito de lo privado. Mis devotos feligreses pueden aducir que si se permite a un musulmán acudir a la escuela con un símbolo de su religión también debería permitirse colocar el crucifijo en clase. Con estos sesudos galimatías mentales, Mis bienintencionados creyentes mezclan lo privado con lo público, demostrando que nunca llegarán a entender un concepto tan simple como el de libertad religiosa y haciendo gala de esa limitación mental que les proporciona su fe en Mí y que tanto Me complace y halaga. Es evidente que el argumento de la mayoría se utiliza con la muy noble y piadosa certeza de que ésta está garantizada gracias al adoctrinamiento masivo llevado a cabo por parte del estado en Mi fe en pasadas generaciones.

Lo que ciertamente se persigue es poder seguir gozando de ese privilegio para poder perpetuar esa mayoría. Una prueba evidente sería ver qué dicen los defensores de las mayorías si en una determinada aula sucediese algo que cada día es menos improbable en España, como que fuesen mayoría los alumnos musulmanes. Si, en base a esa mayoría, se votase sustituir el crucifijo por una media luna, seguramente su posición “democrática” desaparecería de un plumazo y se sustituiría por un alegato a favor del nacional-catolicismo y el uso de argumentos abiertamente xenófobos. También es probable que se buscase una mayoría a nivel nacional y acabar así de una puñetera vez con eso del “estado aconfesional”. Por suerte, sólo los menos comprenderían que en un estado de derecho a nadie deben imponérsele unos símbolos religiosos, llegando a entender, por fin, el concepto de laicismo.


Después de ver que las posturas más utilizadas pueden ser rebatidas por los malintencionados ateos y, gracias a que Me he dignado a abandonar Mi tradicional indolencia para crear este blog, os mostraré una serie de irrefutables argumentos a favor de tan noble causa:

- El crucifijo es el símbolo de la única religión verdadera, fundamentada en las revelaciones de un Dios arbitrario, arrogante e irascible pero muy bueno, y en la subjetiva interpretación de su libro sagrado. Hay que garantizar que las nuevas generaciones sigan siendo adoctrinadas y sometidas a ella como prueba de amor que garantice su salvación, así como la prosperidad los privilegios y el sostenimiento económico con fondos públicos de Mi Santa e Hipócrita Iglesia.

-El crucifijo debe ser impuesto como símbolo de las certezas que proporciona la fe en Mí y que siempre deben anteponerse a los conocimientos basados en la razón.

- También simboliza la grandeza de la cristiandad y, muy especialmente, la de una patria gloriosa elegida por Mí.


- Demuestra a los practicantes de otras falsas religiones la superioridad del cristianismo.

- Sirve para que los no creyentes tengan siempre muy presente la misericordia con la que serán acogidos por Mí si se arrepienten y se integran en Mi rebaño, así como la cruel y vengativa condenación que padecerán si no lo hacen.

- Representa el impagable papel de tutela de las libertades que Mi Iglesia siempre ha ejercido.

- El crucifijo es una macabra representación de una persona ejecutada mediante un método sumamente cruel, sangriento y despiadado, por proporcionar al reo una muerte particularmente lenta y dolorosa.

El individuo que aparece torturado hasta la muerte en él, con una corona de espinas clavada en su frente, no es otro que Mi chaval Jesucristo. Como anécdota recordaré que la inmensa mayoría de dichas representaciones son erróneas porque la crucifixión se realizaba clavando al individuo por las muñecas y no por las manos. Pero éstos siniestros detalles no deben desviarnos del tema tratado que es la conveniencia de que tan bonita figurita esté colocada a la vista de los niños a diario desde su más tierna infancia, en el lugar donde deben ir a formarse como personas. Los efectos que puede producir su contemplación cotidiana en el desarrollo de la mente infantil no pueden sino ser completamente beneficiosos, porque les prepara para la aceptación del sufrimiento, el miedo a Mi ira y la resignación ante Mi sádica condición, cosas todas ellas muy virtuosas y necesarias en Mi fe.

- Los crucifijos son necesarios porque adornan un montón.

Ahora sí que queda completamente clara la necesidad de mantener los crucifijos en todos los centros, por muy pública que sea su financiación, en la medida que representan la Iglesia del único dios verdadero que no es otro que Yo, que tengo un blog.

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