Con la reciente aparición de la nueva gripe de origen porcino, no falta quien, provisto sin duda de una ejemplar capacidad para albergar fe, ha renunciado definitivametne a su entendimiento y, ni más ni menos, ha comenzado a proclamar el fin del mundo. ¡Ahí queda eso!. La aparición de ésta enfermedad infecciosa ha venido a reforzar la sensación de pesimismo existente por la crisis económica mundial y ha creado una extraña amalgama en los cerebros religiosos, poco preparados para procesar tantos datos.
El producto resultante es la percepción de que entre Yo y el malvado Satanás, por medio de una relación de difícil explicación, vamos a exterminar a todo bicho viviente.
Es muy bonito el que se fomente de semejante manera el miedo hacía Mí y resulta muy conveniente esa forma explotar la parte más visceral de la religiosidad humana, pero tengo que hacer algunas observaciones:
- Tiene su origen en el ganado porcino, por lo que cualquier castigo divino asociado a ésta especie tendría que, lógicamente, ser atribuido a una deidad que castigue la ingesta de su carne y eso no resulta nada beneficioso para Mí. Sería un punto a favor de la existencia de Alá o de Yaveh, éste último, para más inri, mera versión desactualizada de Mí Mismo.
- El país de origen es Méjico, devota nación católica. Además, en Europa, la muy piadosa España ha sido el país donde se ha contagiado con más fuerza. Con la ingente cantidad de países infieles que existen, no tiene mucho sentido que me ponga a exterminar precisamente a los que creen en Mí, con lo necesitada que está Mi Iglesia de propagar el Evangelio a los pueblos infieles.
- Con la cantidad de dinero que se está gastando Mi Iglesia en campañas "pro-vida" en contra del aborto, la eutanasia y la experimentación con embriones, no sería sensato que Yo me cargase ahora semejante cantidad de gente, lo que conllevaría, además, dilapidar tan ingentes cantidades de dinero inútilmente, con lo necesitada que está siempre Mi Iglesia y más en la situación de crisis actual.
En Mi infinita bondad, siempre es posible que realice un exterminio masivo de gente, pero de elegir un animal para poner el germen de la plaga ese sería el pollo que lo come todo el mundo y no el cerdo, tan despreciado por algunas de las falsas religiones que tanto se merecen un castigo. Además, los primeros en morir entre horribles estertores serían aquellos que no creen en Mí pese a que no hayan tenido ni siquiera la opción de hacerlo. En eso, he mejorado poco desde el Antiguo Testamento y así lo reconoce Mi Iglesia al acudir a las misiones evangelizadoras para salvar a la gente de la condenación.
Nunca está mal ser irracional y ésta enfermedad da mucho juego a todo tipo de conspiranoicos y amantes de las más disparatadas ocurrencias. Se genera así un estado de miedo que siempre es muy útil para contagiar la fe. Además se genera un clima de confusión e irracionalidad tal, que cualquiera puede afirmar con rotunda convicción la veracidad de sus más variopintas elucubraciones mentales, por muy disparatadas que puedan resultar. De entre todas, una de las más extendidas es el castigo divino, siendo utilizado para argumentar que no hace más que confirmar los presagios del apocalíptico individuo religioso ante tanto libertinaje.
Una vez que se ha dado el paso de creer lo que sea sin necesidad de analizarlo de una forma mínimamente crítica, todo va sobre ruedas también para la religión y de eso tiene que saber sacar provecho Mi Santa Iglesia. Las similitudes y sinergias entre la propagación una enfermedad infecciosa y la de la religión, deben ser explotadas al máximo. La pena será cuando el tiempo pase y se vea que ningún presagio se ha cumplido, pero ahí estará siempre la fe, la más antigua y próspera de las pandemias, para arreglarlo todo.
Porque al fin y al cabo, sí que es cierto que la humanidad se está mereciendo un castigo divino que ponga coto a la peligrosa tendencia actual de ensalzamiento de la razón y olvido del Evangelio. Además, otra conclusión positiva que puede extraerse de la actitud ante la nueva enfermedad es que está originando un resurgir del oscurantismo, y eso podría ayudar que la humanidad retornase a la mentalidad de la Edad Media, época siempre añorada por Mi Iglesia.
El producto resultante es la percepción de que entre Yo y el malvado Satanás, por medio de una relación de difícil explicación, vamos a exterminar a todo bicho viviente.
Es muy bonito el que se fomente de semejante manera el miedo hacía Mí y resulta muy conveniente esa forma explotar la parte más visceral de la religiosidad humana, pero tengo que hacer algunas observaciones:
- Tiene su origen en el ganado porcino, por lo que cualquier castigo divino asociado a ésta especie tendría que, lógicamente, ser atribuido a una deidad que castigue la ingesta de su carne y eso no resulta nada beneficioso para Mí. Sería un punto a favor de la existencia de Alá o de Yaveh, éste último, para más inri, mera versión desactualizada de Mí Mismo.
- El país de origen es Méjico, devota nación católica. Además, en Europa, la muy piadosa España ha sido el país donde se ha contagiado con más fuerza. Con la ingente cantidad de países infieles que existen, no tiene mucho sentido que me ponga a exterminar precisamente a los que creen en Mí, con lo necesitada que está Mi Iglesia de propagar el Evangelio a los pueblos infieles.
- Con la cantidad de dinero que se está gastando Mi Iglesia en campañas "pro-vida" en contra del aborto, la eutanasia y la experimentación con embriones, no sería sensato que Yo me cargase ahora semejante cantidad de gente, lo que conllevaría, además, dilapidar tan ingentes cantidades de dinero inútilmente, con lo necesitada que está siempre Mi Iglesia y más en la situación de crisis actual.
En Mi infinita bondad, siempre es posible que realice un exterminio masivo de gente, pero de elegir un animal para poner el germen de la plaga ese sería el pollo que lo come todo el mundo y no el cerdo, tan despreciado por algunas de las falsas religiones que tanto se merecen un castigo. Además, los primeros en morir entre horribles estertores serían aquellos que no creen en Mí pese a que no hayan tenido ni siquiera la opción de hacerlo. En eso, he mejorado poco desde el Antiguo Testamento y así lo reconoce Mi Iglesia al acudir a las misiones evangelizadoras para salvar a la gente de la condenación.
Nunca está mal ser irracional y ésta enfermedad da mucho juego a todo tipo de conspiranoicos y amantes de las más disparatadas ocurrencias. Se genera así un estado de miedo que siempre es muy útil para contagiar la fe. Además se genera un clima de confusión e irracionalidad tal, que cualquiera puede afirmar con rotunda convicción la veracidad de sus más variopintas elucubraciones mentales, por muy disparatadas que puedan resultar. De entre todas, una de las más extendidas es el castigo divino, siendo utilizado para argumentar que no hace más que confirmar los presagios del apocalíptico individuo religioso ante tanto libertinaje.
Una vez que se ha dado el paso de creer lo que sea sin necesidad de analizarlo de una forma mínimamente crítica, todo va sobre ruedas también para la religión y de eso tiene que saber sacar provecho Mi Santa Iglesia. Las similitudes y sinergias entre la propagación una enfermedad infecciosa y la de la religión, deben ser explotadas al máximo. La pena será cuando el tiempo pase y se vea que ningún presagio se ha cumplido, pero ahí estará siempre la fe, la más antigua y próspera de las pandemias, para arreglarlo todo.
Porque al fin y al cabo, sí que es cierto que la humanidad se está mereciendo un castigo divino que ponga coto a la peligrosa tendencia actual de ensalzamiento de la razón y olvido del Evangelio. Además, otra conclusión positiva que puede extraerse de la actitud ante la nueva enfermedad es que está originando un resurgir del oscurantismo, y eso podría ayudar que la humanidad retornase a la mentalidad de la Edad Media, época siempre añorada por Mi Iglesia.