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lunes, 18 de mayo de 2009

Por una Iglesia que necesita seguir estando mantenida.

Quiero hacer desde aquí campaña en favor de que Mi Santa Iglesia Católica Apostólica Hipócrita y Romana pueda seguir estando mantenida con fondos públicos. Para ello, en la muy devota España, es necesario que se marque la casilla correspondiente en la declaración de la renta. En un estado laico y verdaderamente aconfesional debería financiarse con el dinero que le aportan voluntariamente Mis creyentes. Eso podría hacerse bien directamente, sin intercesión del estado, bien decidiendo éstos aportar una suma adicional a la que les corresponde en su declaración de la renta, que iría a Mi Santa Iglesia. Pero, como todo el mundo puede suponer, si hubiese que esperar que la feligresía tuviese que aportar una cantidad adicional a la estrictamente obligatoria en su declaración para financiar Mi Iglesia la recaudación sería muy inferior. Hay que contar, por lo tanto, con la complicidad del Estado.



Por suerte el horror laicista no ha avanzado hasta tales extremos y Mi Iglesia sigue manteniendo una situación de privilegio merecidamente consolidada mediante siglos de cohabitación con los poderes del Estado. Por supuesto que dicha condición es la que verdaderamente le corresponde por derecho divino. Quiero, también, que Mis piadosos creyentes se regocijen al ver cómo el dinero que ha de mantener a la Iglesia se detrae de los fondos públicos aportados obligatoriamente por el contribuyente. Es cierto que existe la opción de que ese dinero vaya genéricamente a "otros fines sociales" y mejor sería que eso desapareciese, pero siempre es alentador que:
- Se considere que la función de Mi Iglesia son los fines sociales. No conviene olvidar, queridos creyentes, que eso es algo secundario y que siempre debe estar al servicio de su verdadera función que es la evangelización y difusión de Mi Verdad y de la fe en Mí. Así lo reconoció hace pocos meses el propio portavoz de la Conferencia Episcopal Española.
- Mientras existe la opción directa de dar dinero a Mi Santa Iglesia, las verdaderas organizaciones sociales, en toda su diversidad, se reparten el auténtico cajón desastre que representa la casilla de "otros fines sociales". En ese cajón se hallan, también, el resto de religiones.
Por una Conferencia Episcopal necesitada de más dinero para seguir en su lucha para conseguir más financiación estatal. Porque su connivencia con las clases adineradas no le es suficiente. Porque Mi Iglesia pueda desarrollar su encomiable labor de presionar y atacar al estado que la financia. Porque acabe subyugándolo y consiga eliminar sus peligrosas tendencias laicistas. Porque pueda seguir ejerciendo su su sacrosanta labor de intromisión y tutela en la vida política. Por dar el castigo que tanto se merecen abortistas, homosexuales, laicistas, partidarios del preservativo, evolucionistas y cómplices de la ciencia y la razón. Por poder conservar el privilegio del adoctrinamiento. Porque hay que aprovecharse de la necesidad de creer. Por la preservación y la propagación de la fe. Porque consiga reestablecer su iluminador oscurantismo que tanto bien hizo a la humanidad en el pasado. Porque al final todo se le perdona. Porque hay que aprovechar mientras se le consienta. Porque a tú vas a pagar lo mismo de todas formas. Por todo eso, pon la "x" en la casilla de la Iglesia.

miércoles, 4 de junio de 2008

Mi necesitada Iglesia.

En el siguiente vídeo se critica injustamente el poder del que sigue gozando Mi Santa Iglesia en España. No es más que una artimaña que pretende profundizar en el horror laicista y acabar con su merecida situación de privilegio.




Es evidente que se obvia a propósito el irreprochable papel que ha jugado la Iglesia en el fortalecimiento de la moral en España, buscando la difamación para que los contribuyentes no colaboren con su valioso dinero al mantenimiento de una institución tan necesitada. Sin esa financiación pública destinada a tan fines nobles como el necesario adoctrinamiento de la población, España caería en la depravación moral y nosotros fanalmente en la bancarrota. Otra indesable consecuencia sería la falta de dinero con el que conservar nuestro inmenso patrimonio.
Menos mal que al final siempre acabamos logrando nuestros loables objetivos y este gobierno no parece que vaya a ser un obstáculo.

jueves, 15 de mayo de 2008

El horror laicista.

El laicismo puede definirse como la doctrina que defiende la existencia de una sociedad organizada aconfesionalmente, cuyo ejemplo más representativo es el "Estado laico" o "no confesional". El hecho de que los derechos civiles se libere de influencias religiosas es lo que garantiza la igualdad entre credos y permite que todos los ciudadanos puedan profesar la religión que libremente han elegido, de igual forma que se respetan los derechos de quienes no practican ningún tipo de creencia religiosa. En un Estado laico resulta imprescindible la separación entre Iglesia y estado.
Esta puede ser la interpretación más objetiva y resultar sumamente convincente para cualquiera cuyo razonamiento carezca de la necesaria orientación de la fe. Para aquellos que deseen vivir en la plenitud de mi mensaje de amor, el demonio del laicismo debe verse de la siguiente manera:
- La separación entre Iglesia y Estado priva a la primera de la necesaria influencia sobre las decisiones políticas. Todas las religiones son fraudulentas y solamente sirven para saciar la visceral necesidad de mi existencia y cuando digo todas me refiero a absolutamente todas, menos la Mía claro. Para que los ciudadanos puedan vivir iluminados por Mi verdad, debemos controlar los entresijos del poder tanto como nos sea posible. Un modelo ideal sería el de la Edad Medía y el de la Inquisición, aunque esta ya no resulte comercial. Para que mi eterna misericordia se extienda es absolutamente imprescindible, hoy en día, que nuestras intenciones no resulten evidentes. Desde esta postura de ocultación de nuestros objetivos debemos en primer lugar interpretar el laicismo de una forma mucho más conveniente para nosotros que la anteriormente expuesta. Es así que debemos difundir la interpretación de que el laicismo es bueno en la medida en que el estado no se inmiscuye en la doctrina religiosa. Queda muy bonito y no deja de ser verdad, queremos ser nosotros los que nos inmiscuyamos en el Estado porque al fin a al cabo llevamos razón. A mi Iglesia le asiste la verdad por Mí revelada. Este laicismo unidireccional nos beneficia y le damos el nombre de sano laicismo.
- El laicismo bidireccional lo denominamos laicismo negativo y es al que realmente debemos temer. La postura a mostrar es decir que sería discriminatorio el que el Estado ignorara el hecho religioso. Queda claro que estoy hablando de mi religión, ya que al privilegiar a esta es inevitable discriminar a las demás. En cualquier caso no pasa nada porque todas las demás religiones son fraudulentas y eso lo digo yo, el mismísimo Dios.
- La pérdida de poder de mi Iglesia en un estado aconfesional tiene consecuencias devastadoras. Como ejemplos más evidentes están la pérdida de financiación pública (aunque proclamemos la pobreza estamos aquí por dinero) y lo que quizá sea más importante, la desaparición del monopolio del adoctrinamiento temprano en la educación pública. Es dicho adoctrinamiento el que amansa a los jóvenes borregos, de forma que siempre contemplarán mi rebaño de una forma que no lo haría un ejemplar silvestre. Esta cura de subjetividad ha sido hasta ahora el mejor antídoto contra el laicismo.
- Debemos esforzarnos en intentar mostrar al laicismo en posición de igualdad con respecto a las religiones, en lugar de la interpretación correcta que es la expuesta al principio de esta entrada. Puede parecer un razonamiento absurdo pero no hay nada que la fe no consiga.
-Todo lo anteriormente expuesto es válido para países como España, Méjico y resto de Latinoamérica, en los que la religión dominante es la católica. Un argumento a usar en dichos países sería el alto porcentaje de población bautizada.
- En el caso de países no aconfesionales en los que Mi religión no sea la mayoritaria el laicismo deberá considerarse de otra forma porque nos sirve para superar la discriminación sufrida con respecto a la religión dominante.
Con lo anteriormente expuesto quedan meridianamente claros los motivos para la condenación a la que se ve avocado un pueblo que cae en la degradación laicista.

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