Quiero hacer desde aquí campaña en favor de que Mi Santa Iglesia Católica Apostólica Hipócrita y Romana pueda seguir estando mantenida con fondos públicos. Para ello, en la muy devota España, es necesario que se marque la casilla correspondiente en la declaración de la renta. En un estado laico y verdaderamente aconfesional debería financiarse con el dinero que le aportan voluntariamente Mis creyentes. Eso podría hacerse bien directamente, sin intercesión del estado, bien decidiendo éstos aportar una suma adicional a la que les corresponde en su declaración de la renta, que iría a Mi Santa Iglesia. Pero, como todo el mundo puede suponer, si hubiese que esperar que la feligresía tuviese que aportar una cantidad adicional a la estrictamente obligatoria en su declaración para financiar Mi Iglesia la recaudación sería muy inferior. Hay que contar, por lo tanto, con la complicidad del Estado.
Por suerte el horror laicista no ha avanzado hasta tales extremos y Mi Iglesia sigue manteniendo una situación de privilegio merecidamente consolidada mediante siglos de cohabitación con los poderes del Estado. Por supuesto que dicha condición es la que verdaderamente le corresponde por derecho divino. Quiero, también, que Mis piadosos creyentes se regocijen al ver cómo el dinero que ha de mantener a la Iglesia se detrae de los fondos públicos aportados obligatoriamente por el contribuyente. Es cierto que existe la opción de que ese dinero vaya genéricamente a "otros fines sociales" y mejor sería que eso desapareciese, pero siempre es alentador que:
- Se considere que la función de Mi Iglesia son los fines sociales. No conviene olvidar, queridos creyentes, que eso es algo secundario y que siempre debe estar al servicio de su verdadera función que es la evangelización y difusión de Mi Verdad y de la fe en Mí. Así lo reconoció hace pocos meses el propio portavoz de la Conferencia Episcopal Española.
- Mientras existe la opción directa de dar dinero a Mi Santa Iglesia, las verdaderas organizaciones sociales, en toda su diversidad, se reparten el auténtico cajón desastre que representa la casilla de "otros fines sociales". En ese cajón se hallan, también, el resto de religiones.
Por una Conferencia Episcopal necesitada de más dinero para seguir en su lucha para conseguir más financiación estatal. Porque su connivencia con las clases adineradas no le es suficiente. Porque Mi Iglesia pueda desarrollar su encomiable labor de presionar y atacar al estado que la financia. Porque acabe subyugándolo y consiga eliminar sus peligrosas tendencias laicistas. Porque pueda seguir ejerciendo su su sacrosanta labor de intromisión y tutela en la vida política. Por dar el castigo que tanto se merecen abortistas, homosexuales, laicistas, partidarios del preservativo, evolucionistas y cómplices de la ciencia y la razón. Por poder conservar el privilegio del adoctrinamiento. Porque hay que aprovecharse de la necesidad de creer. Por la preservación y la propagación de la fe. Porque consiga reestablecer su iluminador oscurantismo que tanto bien hizo a la humanidad en el pasado. Porque al final todo se le perdona. Porque hay que aprovechar mientras se le consienta. Porque a tú vas a pagar lo mismo de todas formas. Por todo eso, pon la "x" en la casilla de la Iglesia.
Por suerte el horror laicista no ha avanzado hasta tales extremos y Mi Iglesia sigue manteniendo una situación de privilegio merecidamente consolidada mediante siglos de cohabitación con los poderes del Estado. Por supuesto que dicha condición es la que verdaderamente le corresponde por derecho divino. Quiero, también, que Mis piadosos creyentes se regocijen al ver cómo el dinero que ha de mantener a la Iglesia se detrae de los fondos públicos aportados obligatoriamente por el contribuyente. Es cierto que existe la opción de que ese dinero vaya genéricamente a "otros fines sociales" y mejor sería que eso desapareciese, pero siempre es alentador que:
- Se considere que la función de Mi Iglesia son los fines sociales. No conviene olvidar, queridos creyentes, que eso es algo secundario y que siempre debe estar al servicio de su verdadera función que es la evangelización y difusión de Mi Verdad y de la fe en Mí. Así lo reconoció hace pocos meses el propio portavoz de la Conferencia Episcopal Española.
- Mientras existe la opción directa de dar dinero a Mi Santa Iglesia, las verdaderas organizaciones sociales, en toda su diversidad, se reparten el auténtico cajón desastre que representa la casilla de "otros fines sociales". En ese cajón se hallan, también, el resto de religiones.
Por una Conferencia Episcopal necesitada de más dinero para seguir en su lucha para conseguir más financiación estatal. Porque su connivencia con las clases adineradas no le es suficiente. Porque Mi Iglesia pueda desarrollar su encomiable labor de presionar y atacar al estado que la financia. Porque acabe subyugándolo y consiga eliminar sus peligrosas tendencias laicistas. Porque pueda seguir ejerciendo su su sacrosanta labor de intromisión y tutela en la vida política. Por dar el castigo que tanto se merecen abortistas, homosexuales, laicistas, partidarios del preservativo, evolucionistas y cómplices de la ciencia y la razón. Por poder conservar el privilegio del adoctrinamiento. Porque hay que aprovecharse de la necesidad de creer. Por la preservación y la propagación de la fe. Porque consiga reestablecer su iluminador oscurantismo que tanto bien hizo a la humanidad en el pasado. Porque al final todo se le perdona. Porque hay que aprovechar mientras se le consienta. Porque a tú vas a pagar lo mismo de todas formas. Por todo eso, pon la "x" en la casilla de la Iglesia.