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domingo, 3 de octubre de 2010

El hombre y los animales.

Hoy quiero hablaros de los animales, o alimañas, como cariñosamente aparecen denominas en el Génesis, y de la relación de tan decorativas criaturas de Mi maravillosa creación con el ser humano. En su lucha por controlar su terrible miedo existencial, el ser humano siempre ha ansiado una transcendencia que le asegurase una vida después de la muerte. Necesita creerse que es la especie elegida por Mí para disfrutar de una gozosa vida eterna. Religiones como la Mía surgen para cubrir esa demanda, garantizando al hombre tanto su separación como su superioridad con respecto al resto del reino animal. Como dice el devoto psiquiatra Enrique Rojas: "La religión es la rebelión del ser humano que no quiere vivir como un animal". Lo que el hombre quiere es un dios que le haga sentirse superior y en ese proceso ha ido creando divinidades como Yo, gracias a su mayor capacidad mental e imaginación. La pena es que durante toda la historia de la ciencia se han ido derrumbando una tras otra las murallas mentales que separaban al ser humano del resto de las criaturas vivientes. Dichas barreras han sido construías únicamente a base prejuicios surgidos por la misma necesidad primordial que ha dado origen a las religiones modernas. Además, en su construcción, cada vez más a la desesperada, de esos muros entre el hombre y el resto del reino animal para salvaguardar la concepción antropocentrista que el hombre tiene del mundo, el desmoronamiento cada vez se produce antes y la reconstrucción es cada vez más endeble e insostenible con cada avance del conocimiento científico. Un enfoque tan frío y objetivo, es capaz de ocasionar descomunales estragos en la fe por culpa del irreverente y herético racionalismo de los tiempos modernos que se resiste a dejarse subyugar por esta. Para poder contemplar de una forma tan imparcial su relación con el resto de los animales, el ser humano debe vencer antes su proverbial capacidad de creer aquello que ansia creer, al margen de cualquier evidencia en contra. Y eso, por suerte devotos seguidores, resulta simplemente imposible para la gran mayoría de la población, que sigue refugiándose en la existencia de una divinidad tan suprema como Yo, creadora de las sublimes leyes del Universo, pero siempre tan humana, cercana y cutre. De no ser así tampoco cumpliría su función antropocentrista.


Por supuesto que es normal que el hombre sea la especie más importante para el hombre, como la cucaracha lo es para la cucaracha. Pero lo incómodo es percatarse de que ambas son unas de tantas de las cientos de miles existentes en un insignificante planeta entre tantos como existen en el enorme Universo por Mí creado. Desde Mi privilegiado punto de vista ciertamente puede considerarse, cuanto menos, algo pretenciosa la imagen que el ser humano tiene de sí mismo.
Pese a eso, podéis tener la certeza, devotos hijos Míos, de que Yo soy la garantía de que la especie humana es única y que gracias a Mi goza de una privilegiada situación dentro de Mi creación. No se trata de una especie más que ha de aprovechar su limitado tiempo de vida. El hombre ha de llevar una servil existencia de dolor, penitencia y sacrifico para honrar Mi infinita y bondadosa arrogancia, porque como premio Yo le proporcionaré la más dichosa vida eterna a Mi lado. No temáis derrochar inútilmente vuestras denostables vidas pecadoras en el servicio a Mí, vuestro Dios. El único realmente existente y que ha dado prueba innegable de ello con este Blog, para desgracia de los miserables ateos.

viernes, 16 de abril de 2010

La naturaleza al servicio del hombre.

Hoy voy a hablar, querida feligresía, de un tema tan importante como la ecología y la relación del hombre con el medio ambiente. Lo que os debe quedar claro es que la naturaleza corpóreo-espiritual del hombre es la que la garantiza la superioridad humana sobre todo lo existente en Mi maravillosa creación. El mundo, con toda su variedad de paisajes, es hábitat para el hombre que, mediante sus creaciones humanas, trata de hacer del planeta tierra un hogar en el cual vivir dignamente y poder desarrollar su existencia. Esta tierra es un don divino, que debe custodiar y cultivar; comprender y estudiar en sus leyes naturales, siempre y cuando no resulten inconvenientes para la fe. Es mediante religiones como la Mía, en tanto y cuanto que generadora de certezas acerca de la muy anhelada necesidad de superioridad humana, que pueden hacer aseveraciones como que la naturaleza ha sido creada al servicio del hombre. La mente humana Me utiliza para fundamentar su necesidad de sentir que la naturaleza le pertenece y, por lo tanta, está en su derecho de usarla como le convenga. Para ello es completamente necesario olvidarse de los avances científicos que han ido progresivamente desplazando al planeta Tierra de su privilegiada condición de centro del Universo a otra posición mucho más insignificante y periférica. Lo mismo puede decirse de las evidencias ecológicas y evolutivas que relega a la especie humana al papel de un mero integrante más del equilibrio natural y le desposee de una transcendencia que le situaba en una privilegiada posición de inmune superioridad.


Está bien eso de cuidar el entorno y de proteger las alimañas pero siempre que se tenga muy presente que el ser humano es la especie por Mi elegida y puede disponer a su antojo de los recursos naturales. Aquellos que afirman que los recursos del planeta son limitados y que la especie humana es una especie más de las que puede extinguirse como consecuencia de un grave desequilibrio ecológico no son sino denostables e irreverentes ateos, siempre al servicio del malvado Satanás. La naturaleza ha sido por Mí creada para el disfrute único y exclusivo del ser humano, por muchos disgustos que las catástrofes naturales puedan ocasionarle. Tal superioridad está justificada por la fe en Mí, queridos feligreses, y esa es la mayor garantía que puede haber, siendo casi tan grande como la propia certeza de Mi existencia que queda completamente demostrada con este divino blog.

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