jueves, 6 de enero de 2011

Superstición y religión.

La superstición es la propensión a la interpretación no racional de los acontecimientos y la creencia en su carácter sobrenatural. Así, en el diccionario panhispánico de dudas, se define como "creencia contraria a la razón". Con tales definiciones, hijos Míos, en donde podría ser tan sumamente fácil encajar a las religiones por parte de los más descarriados y libertinos miembros de Mi rebaño, es donde entra la socorrida definición de la RAE:

"Creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón."

Sin duda, la fe profesada por el piadosa autor de tal definición le honra y le ha iluminado a la hora de su redacción. Pero lo cierto es que, si fuese realmente inexistente la relación entre superstición y religión, no habría hecho falta hacer tan forzada justificación, por otro lado obviada en el panhispánico. Y es que en algo se ha de notar que España es la nación predilecta del sagrado corazón de Jesús. Es por eso, crédula feligresía, que por muy contraria a la razón que pueda ser, la fe religiosa supone un tipo de manifestación supersticiosa tan sofisticado que la ha de hacer indigna de recibir tan despectivo nombre. El mero hecho de que las religiones sean evidentes formas estandarizadas y consolidadas de superstición modeladas por el encauzamiento cultural sobre la materia prima de la desbordante capacidad humana para creer en lo sobrenatural, las ha de hacer merecedoras de un estatus artificialmente superior. En esta clase alta reguladora de la superstición sólo han de tener cabida las religiones más mayoritarias y tradicionales, como es el caso de la Mía -la única verdadera por supuesto- y nunca la multitud de minoritarios y pintorescos credos surgidos de forma inflaccionaria como producto de una desmedida tendencia humana para creer en cualquier cosa.


Es completamente inaceptable vincular a la Fe en Mí con cualquier tipo de manifestación supersticiosa, dado que Yo soy, nada menos, que el Supremo Ingeniero, el prestigioso Creador de las sublimes leyes de la física que rigen el Universo. Además, es innegable que toda superstición que se precie ha de poseer ritos y amuletos mágicos, algo por completo inexistente en Mi religión, que sin embargo sí es poseedora de elementos tan intachablemente racionales como los sacramentos de la oración y la penitencia, del uso de bellas y recargadas estampitas, medallas, exvotos, rosarios y escapularios, de costumbres como poner velas a al Santo o Virgen de turno para que te conceda un deseo, de la búsqueda de la buena suerte que otorga una bendición como Dios manda (en seco o con agua bendita), del coleccionismo de reliquias sagradas, de procesionar con el santo del lugar a hombros pidiendo la llegada de las tan ansiadas precipitaciones, de pedir novio a San Antonio, etc. Porque eso sí, hijos Míos, siempre debéis tener muy presente que para que una fe prolifere, ha tener esa omnipresente cutrez que nuestro supersticioso público demanda.

martes, 21 de diciembre de 2010

Monoteísmo del bueno.

En estas fechas tan señalizadas quiero traeros, hijos Míos, una bella estampa familiar del elenco de deslumbrantes deidades que forma esa Mi religión, auténticamente monoteísta. El hecho de que existan tantas criaturas con superpoderes a las que poder orar no es sino una respuesta a las demandas del crédulo rebaño humano, siempre tan necesitado de una transcendencia poseedora de las mayores cotas de cutrez.



Así que hay queda ese maravilloso ejemplo de familia tradicional cristiana, devotos Hijos Míos, profesantes de una religión como la católica, verdadera garante de un monoteísmo del bueno.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Un Dios de marca blanca.

El avance de los tiempos, con lo que de progreso de la la razón, del conocimiento y de las libertades conlleva, ha ocasionado un incremento del número de gente a la que le cuesta más creer en las deidades tradicionales a medida que se van quedando desfasados los arcaicos postulados de sus religiones ancladas a unas verdades reveladas absolutas y, por tanto, necesariamente inamovibles. Resultan entonces especialmente contraproducente para la fe valores tan importantes como el Oscurantismo, la Hipocresía y el Absurdo que caracterizan a Mi Iglesia. Eso por mucho que se consiga un cierto progreso con la ayuda de unas constantes e inevitables reinterpretaciones y relativizaciones de lo absoluto con el único fin de no quedarse fuera del mercado.
Es así que cada vez es mayor el número de gente que realiza una interpretación propia al gusto de sus necesidades, construyéndose su propia deidad a conveniencia. Ya que "en algo hay que creer", es más fácil hacerlo en una deidad genérica hecha a la medida del individuo.


Este proceso puede darse de muy diversos grados, yendo desde un simple tuneado de deidades como Yo o Mi Hijo, o la deidad predominante en el ámbito geográfico del sujeto, hasta la completa construcción de una nueva deidad tanto con con mezcla de varias como con imaginativas aportaciones propias. Lo único importante en el proceso es crear una deidad con el atractivo irresistible que proporciona el creer en lo que se ansia creer.
Quiero dejar bien claro que para considerarse un auténtico católico hay que creer en todos y cada uno de los caducos dogmas y preceptos de Mi Iglesia, ya que el hecho de cuestionárselos, olvidarlos o seleccionarlos al gusto para una mejor digestión, no tomándose en serio la fe como un buen borrego, simplemente porque sean Absurdos, sólo sirve para alejar al individuo de Mi verdad así como para acercarle a fuego eterno de la condenación, por mucho que pueda servir para aplacar los miedos existenciales y la necesidad de creer en lo sobrenatural.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Creced y multiplicaos.

Devotos y crédulos feligreses, el asunto hoy tratado es de suma transcendencia. Se trata de Mi expresa y bien conocida voluntad de que los humanos se reproduzcan ilimitadamente hasta rebosar la Tierra. El fin último ha de ser el de tener hijos que puedan crecer dichosos en su fe en Mí, una vez hayan sido convenientemente adoctrinados, claro está. Su comportamiento reproductivo ha de ser exactamente igual que el de todas las criaturas vivientes, cuyo ciego fin último es llenar el mundo de los de su especie.

El problema es que su inteligencia capacita a la especie humana para darse cuenta de algo tan simple como el que, con unos recursos naturales limitados, el crecimiento poblacional no puede ser ilimitado, así como para conocer las trágicas consecuencias que conlleva la superpoblación en cualquier grupo humano o animal. Lo cierto es que todas las especies animales sufren un control poblacional y cuando no es en forma de depredación, competencia o limitaciones del ecosistema lo es por hambrunas, enfermedades o sangrientas luchas intraespecíficas..La diferencia es que el ser humano es capaz de elegir conscientemente el sistema de control menos traumático y es ahí donde debe entrar la fe, para desposeer al hombre de semejante privilegio, equiparando su comportamiento reproductivo al de cualquier otra especie, mediante la completa anulación de esa misma inteligencia que le hace creerse superior al resto de Mi creación. Porque las desigualdades sociales, la elevada natalidad y la miseria acostumbran a retroalimentarse de una forma altamente provechosa para la generación de esa maravillosa ignorancia que asegura una exitosa propagación de la fe. Por eso es necesario que Mi Santa Iglesia luche contra el uso de cualquier método anticonceptivo.

Pese a que Yo sólo haya tenido un hijo y a que se lo haya prohibido totalmente al clero a Mi servicio, vosotros habéis de criar sin límites, sometiendo a ese único fin toda vuestra sexualidad. ¡Creced, creed y multiplicaos!, hijos Míos, dichosos y despreocupados gracias a vuestra borreguil fe, siempre con la absoluta confianza en que al final Yo proveeré y con la única, pero suficiente, certeza de Mi existencia que supone este Blog.

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