miércoles, 8 de diciembre de 2010

Un Dios de marca blanca.

El avance de los tiempos, con lo que de progreso de la la razón, del conocimiento y de las libertades conlleva, ha ocasionado un incremento del número de gente a la que le cuesta más creer en las deidades tradicionales a medida que se van quedando desfasados los arcaicos postulados de sus religiones ancladas a unas verdades reveladas absolutas y, por tanto, necesariamente inamovibles. Resultan entonces especialmente contraproducente para la fe valores tan importantes como el Oscurantismo, la Hipocresía y el Absurdo que caracterizan a Mi Iglesia. Eso por mucho que se consiga un cierto progreso con la ayuda de unas constantes e inevitables reinterpretaciones y relativizaciones de lo absoluto con el único fin de no quedarse fuera del mercado.
Es así que cada vez es mayor el número de gente que realiza una interpretación propia al gusto de sus necesidades, construyéndose su propia deidad a conveniencia. Ya que "en algo hay que creer", es más fácil hacerlo en una deidad genérica hecha a la medida del individuo.


Este proceso puede darse de muy diversos grados, yendo desde un simple tuneado de deidades como Yo o Mi Hijo, o la deidad predominante en el ámbito geográfico del sujeto, hasta la completa construcción de una nueva deidad tanto con con mezcla de varias como con imaginativas aportaciones propias. Lo único importante en el proceso es crear una deidad con el atractivo irresistible que proporciona el creer en lo que se ansia creer.
Quiero dejar bien claro que para considerarse un auténtico católico hay que creer en todos y cada uno de los caducos dogmas y preceptos de Mi Iglesia, ya que el hecho de cuestionárselos, olvidarlos o seleccionarlos al gusto para una mejor digestión, no tomándose en serio la fe como un buen borrego, simplemente porque sean Absurdos, sólo sirve para alejar al individuo de Mi verdad así como para acercarle a fuego eterno de la condenación, por mucho que pueda servir para aplacar los miedos existenciales y la necesidad de creer en lo sobrenatural.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Creced y multiplicaos.

Devotos y crédulos feligreses, el asunto hoy tratado es de suma transcendencia. Se trata de Mi expresa y bien conocida voluntad de que los humanos se reproduzcan ilimitadamente hasta rebosar la Tierra. El fin último ha de ser el de tener hijos que puedan crecer dichosos en su fe en Mí, una vez hayan sido convenientemente adoctrinados, claro está. Su comportamiento reproductivo ha de ser exactamente igual que el de todas las criaturas vivientes, cuyo ciego fin último es llenar el mundo de los de su especie.

El problema es que su inteligencia capacita a la especie humana para darse cuenta de algo tan simple como el que, con unos recursos naturales limitados, el crecimiento poblacional no puede ser ilimitado, así como para conocer las trágicas consecuencias que conlleva la superpoblación en cualquier grupo humano o animal. Lo cierto es que todas las especies animales sufren un control poblacional y cuando no es en forma de depredación, competencia o limitaciones del ecosistema lo es por hambrunas, enfermedades o sangrientas luchas intraespecíficas..La diferencia es que el ser humano es capaz de elegir conscientemente el sistema de control menos traumático y es ahí donde debe entrar la fe, para desposeer al hombre de semejante privilegio, equiparando su comportamiento reproductivo al de cualquier otra especie, mediante la completa anulación de esa misma inteligencia que le hace creerse superior al resto de Mi creación. Porque las desigualdades sociales, la elevada natalidad y la miseria acostumbran a retroalimentarse de una forma altamente provechosa para la generación de esa maravillosa ignorancia que asegura una exitosa propagación de la fe. Por eso es necesario que Mi Santa Iglesia luche contra el uso de cualquier método anticonceptivo.

Pese a que Yo sólo haya tenido un hijo y a que se lo haya prohibido totalmente al clero a Mi servicio, vosotros habéis de criar sin límites, sometiendo a ese único fin toda vuestra sexualidad. ¡Creced, creed y multiplicaos!, hijos Míos, dichosos y despreocupados gracias a vuestra borreguil fe, siempre con la absoluta confianza en que al final Yo proveeré y con la única, pero suficiente, certeza de Mi existencia que supone este Blog.

jueves, 28 de octubre de 2010

Las reliquias.

Una manifestación especialmente Cutre, que evidencia el carácter idolátrico de Mi religión, es el del culto a las reliquias, esos trozos de hueso o de carne curada, cual reseco trozo de cecina de León, de cualquier parte de la anatomía de las muchas divinidades  humanas de Mi religión monoteísta. Y, sin embargo, crédulo rebaño, quiero aprovechar en este divino espacio para decir que por muy Absurdas que puedan parecer y por mucho que sirvan para desterrar cualquier atisbo de razón que pueda pretender encontrarse gracias a la visceral necesidad de creer en una religión como la Mía, lo cierto es que su servicio ha sido de inestimable valor. Porque sin tan morbosa y macabra forma de explotar los gustos idólatras del ser humano, la propagación de Mi fe, en cuanto que suprema dadora de amor y esperanza, hubiese sido, cuanto menos, más lenta, así como seguro, menos rentable. 

Los valiosos ingresos que han generado las reliquias han dado origen históricamente también a una competición entre los diferentes centros de culto cristianos, enfrascados en una denodada lucha por hacer acopio de las de mayor valor que han proliferado hasta un número tal, cuyo conocimiento haría  a buen seguro abrazar Mi fe hasta al más descreído. Entre ellas se hallan algunas tan disputadas y de tanta transcendencia como el prepucio de Mi chaval Jesucristo. El hecho de que en esa competición lo menos importante haya sido, en muchos casos, la autenticidad de las piezas es meramente anecdótico si se compara con el mucho bien que han hecho por las finanzas de la fe. Y son bien conocidas las penurias y necesidades que pasa Mi Iglesia, entregada como está al servicio de la humanidad en su sagrada misión evangelizadora.

viernes, 22 de octubre de 2010

El carácter cultural de las religiones.

Es patente a ojos de cualquiera, querida feligresía, que las religiones tienen un carácter cultural. Cada cultura conocida en la historia ha tenido sus deidades propias, siempre al servicio de sus necesidades. Eso evidencia claramente el hecho de todas esas deidades son un producto de la cultura humana que las ha creado, siendo por lo tanto meras invenciones. Todas excepto la Yo, por supuesto, que soy la única verídica. El afirmar que la religión que Me rinde culto no es también falsa, no es simple producto de la tradicional y subjetiva costumbre humana de creer lo que se desea creer, sino del hecho de que, mientras que las demás carecen completamente de pruebas sobre su veracidad, la Mía cuenta con una, que por muy aislada y solitaria que pueda estar, también es completamente irrefutable. Por supuesto que dicha prueba no puede ser otra que la existencia de este Blog.
Eso os capacita, devotos y crédulos feligreses, a aborrecer y luchar contra el pernicioso laicismo y para poder proclamar a los cuatro vientos tanto la autenticidad de vuestra fe, como el fraude y el  completo desprecio a la razón que suponen el resto de religiones, siempre al grito dichoso de: ¡Aleluya!.

Difunde Mi Palabra

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...